domingo, 30 de diciembre de 2012

¡Feliz 2013!



Nos enfrentamos con otro año. Nunca mejor empleado el verbo enfrentar en este mundo con guerras –en Oriente, o donde sea-, confrontaciones, abusos de poder, insultos, pulseadas, críticas y ese además tan largo.
Tratemos, en 2013, de poner al mal tiempo buena cara. Y para el calor, quienes no tengan piscina, pues la ducha y la cerveza.
Si tenemos la voluntad, y hacemos la fuerza suficiente, nadie nos llevará por delante. Nadie podrá hacer que no contemos chistes, que no nos alegremos del bien ajeno, que no seamos solidarios.
Hay que olvidarse –hagamos todo lo posible- de que el hombre es lobo para el hombre. No es cierto. Y si lo es, intentemos que no lo parezca.
Es por nuestro bien. Así no nos subirá la presión. Así dormiremos mejor. Así tardaremos más en envejecer.
Para este año que empieza, nada de insultos, forcejeos dialécticos, mal humor, envidias, celos, odio -lo repetimos: odiar es temer-.
Este año no nos puede sorprender con el pie cambiado, ni con el ceño fruncido. ¿Qué somos los mejores? Pues muy bien, pero nada de subirnos al ego.
¡A dar ejemplo! De serenidad, de templanza, de modestia, de generosidad, de buena leche. ¡Seamos buenos, caramba! Intentémoslo, por lo menos. A lo mejor tenemos suerte y mejoramos. Eso es lo que hay que hacer. Esforzarse, pero todos a una –sí, como en Fuenteovejuna- para que el mundo de 2013 sea mejor.
Por eso voy a brindar yo.

© José Luis Alvarez Fermosel

viernes, 28 de diciembre de 2012

Nevada de papel



Todos los años, el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, se gastaban bromas que se llamaban inocentadas.
Hasta los diarios publicaban en sus primeras planas noticias disparatadas, o que no correspondían a la realidad, que se desmentían el día siguiente.
Los chicos les pedíamos dinero a nuestros padres para pagar algo que no habíamos comprado a cuenta en el quiosco, o para contribuir a una inexistente colecta supuestamente organizada en el colegio para hacerle un regalo a “Chapete”, como llamábamos cariñosamente a nuestro profesor de Física, Química y Ciencias Naturales –el mejor docente seglar que tenían los Maristas-.
Nuestro padre, o nuestra madre, que ya sabían de qué venía la mano, nos daban el dinero haciéndose los tontos y nosotros lo embolsábamos rápidamente, diciendo: “¡Que los Santos Inocentes os lo devuelvan!”.
Se gastaban otras bromas de otra índole, no sólo entre chicos; casi ninguna era pesada. La costumbre está en vías de extinción, como los bisontes que tanto preocupaban al conde de Keyserling.
Lo que sigue vigente en estos días previos al primero de enero es tirar papelitos blancos a la calle por las ventanas de las oficinas. El suelo se cubre de una burocrática nevada de garabatillo, para disgusto de los barrenderos de la Municipalidad, que tienen que trabajar de lo lindo para despejar las calles (rotas, “of course”) del radio céntrico.
Esa tarea no es tan fácil como parece, porque muchos de esos papeles que corresponden a hojas arrancadas del almanaque del año que fenece, páginas de balances que ya no sirven o de contratos caducos y otro material oficinesco se encajan en las grietas de las veredas rotas y cuesta bastante sacarlos.
Diríase que se trata de un hábito urbano que aligera la conciencia, o una confesión laica al asfalto plomizo, recalentado en estos días de calor ardiente del verano porteño, en la seguridad de que nadie nos va a imponer una penitencia.
Este trámite podría ser también una forma de certificar que está a punto de irse un año y que las malas partidas que nos jugó se van por la posta, es decir, por la ventana y caen sobre cornisas y techos de automóviles estacionados, se prenden en marquesinas o se sumergen en los charcos formados en los baches por las lluvias, convirtiéndose en este último caso en papel mojado.
Nostalgia de una nevada que no cayó y se sabe que nunca caerá por estas fechas en el hemisferio sur.
Aunque tal como está el tiempo, nunca se sabe.

© José Luis Alvarez Fermosel                                                                          

jueves, 27 de diciembre de 2012

El vino ha muerto



Hace algunos años, un grupo de artistas plásticos liderados por Ari Brizzi –a  quien tuve el gusto de conocer personalmente- decretó que la pintura había muerto.
Ahora, varios aficionados al vino, al buen vino, hemos decretado su muerte. Uno de nosotros tuvo la oportunidad de mostrarlo como un negro corazón infartado, como una rara fruta semejante al membrillo otoñal de García Lorca, petrificado como lava volcánica, como una piedra azul oscuro no precisamente apta para joyería.
El vino ha muerto con tal bronca que hizo estallar las copas, que son grandes lágrimas que representan o simbolizan la tristeza de quienes a partir de ahora tendremos que beber cerveza, fernet o whisky con el asado criollo, lo cual no parece así como muy ortoxo.
El vino ha muerto, sí, intoxicado por manipulaciones varias y perversas y harto de que esnobs, tilingos, cursis, ignaros, ciertos catadores, ingenieros y otras personajes de otras runflas denominen sus aromas con nombres de frutas, verduras, plantas, cereales, hierbas, perfumes y materiales como cuero crudo, madera, tela, goma y yeso.
Hay que ver también los nombres que le ponen: Argumentos, Componentes, Pete, Tata, La Finca de mi Hermano, Los lirios…
El vino ha muerto también al verse decolorado –el vino tinto- y pasar del rojo rubí al negro, que deja las copas manchadas de violeta.

El vino blanco        

El vino blanco no pudo soportar que se le imprimieran otros colores y sabores que nunca le fueron propios, así como que se le restara fuerza y se le adulterara, cambiando sus sabor por el de una especie de mezcla de zumo de limón, agua de Vichy catalán y un poco de azúcar. Se le hizo “pétillant” sin motivo ni fundamento. Se le afrutó, caramelizó y aun se le ahumó.
Al vino tampoco le fue posible resistir verse vendido a precios exorbitantes, sin que pudiera dejar oir, “lui meme”, sus lamentos por un abuso tan grande.
Se puso de moda furiosa el Malbec, que exportamos a raja cincha. La moda –de la mano del “marketing”- entristeció a los vinos genéricos o de corte, que se hacen con varios tipos de uva, se bebieron toda la vida y ya antes del advenimiento del posmodernismo empezaron a quedarse relegados.
Consciente de que sus fieles amigos ya no le hacen los honores que merece, utilizan “ersatzs” de garabatillo y tristean por los tabernas bebiendo alcoholes destilados, se sentió postergado, desvirtuado y lo que es peor, desterrado, arrumbado, enviado a países remotos.
Al vino le dio un telele, rompió las copas y ahora tendremos que ingurgitar aguas saborizadas y bebidas de cola con el bife de chorizo.

© José Luis Alvarez Fermosel

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Receta para Noche Vieja o Año Nuevo



Ingredientes:

1/2 kilo de recuerdos infantiles
2 tazas de sonrisas
2 y 1/2 kilos de esperanzas
100 gramos de ternura
5 latas de cariño
40 paquetes de alegría
7 pizcas de locura
8 kilos de amor
5 kilos de paciencia y compasión
250 gramos de audacia

Preparación:

1º.- Limpiar los recuerdos, quitándoles las partes echadas a perder, o que no sirvan. Añadir, una por una, las sonrisas hasta formar una pasta suave y dulce.
2°.- Agregar las esperanzas y dejar reposar la mezcla hasta que duplique su tamaño.
3°.- Lavar con agua clara cada uno de los paquetes de alegría, partirlos en pedazos pequeños y mezclar con todo el cariño que se encuentre.
4°.- Incorporar la paciencia, las pizcas de locura y la ternura cernida. Reservar.
5°.- Dividir en porciones iguales todo el amor y cubrir con la mezcla anterior.
6°.- Hornear toda la vida en el horno del corazón.
7°.- Disfrutar siempre en familia con audacia y el sabor de lo auténtico.

Por la transcripción: © J. L. A. F.

domingo, 23 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!



Ya que el mundo no llegó a su fin el 21 de diciembre de 2012, y estamos en la Navidad, habremos de añadir una burbuja más de alegría para celebrar el hecho de que el mundo en cuestión siga andando, como dice el tango.
Viviremos todavía muchos años y celebraremos muchas Navidades en amor y compañía con nuestros seres queridos.
El mundo tiene cuerda para rato, aunque ya los agoreros y los que parece que disfrutan con todo lo catastrófico y esotérico estén anunciando el advenimiento de eras desgraciadas y, ¿por qué no?, otra vez el fin del mundo.
No están las cosas, en ninguna parte, como para tirar manteca al techo, en el sentido que sea. Pongamos todo lo que podamos de nuestra parte para que las cosas cambien para bien.
Me parece que éste es un buen propósito que formularse a la hora del brindis, en unas fiestas navideñas que deseamos muy felices para todos los amigos que tuvieron la paciencia de leernos en este blog, y muchos incluso nos felicitaron, ¡benditos sean!
Vayan también nuestros buenos deseos para los que no nos leyeron y para los que están por leernos.
Y para todos aquellos que se hallan en otras latitudes –algunos disfrutando de Navidades Blancas-.
Para todos, pues, paz, buena salud, buena suerte, prosperidad, logros, plenitud y larga vida.

© José Luis Alvarez Fermosel

Vídeo:

sábado, 22 de diciembre de 2012

Por fin no se acabó el mundo



Pues resulta que al final no se acabó el mundo el 21 de diciembre, como auguraron los mayas, según se dijo.
Lo cual no fue óbice para que se derramaran, si no mares ni ríos, algunos arroyos de tinta –de impresora- acerca de la profecía en cuestión, su origen, su sentido y la posibilidad de que se produjeran algunos fenómenos naturales, quiero decir procedentes de la madre Naturaleza -que ocasionalmente es tan cruel con nostros- como terremotos, trombas de agua, caída de meteoritos o algo peor.
También se dijo que el mundo se acabaría el primero de enero de 2002, o en todo caso que las computadoras y otras máquinas de la era de la red de redes explotarían como bombas, o se produciría un remedo del Apocalípsis, o cosa parecida.
Pero ni entonces ni el 21 de diciembre de 2012 pasó nada. Empezó el verano, eso sí, pero me parece que no nos dimos cuenta. Hace tanto que padecemos un calor infernal que casi todos pensamos que el verano vino este año antes de tiempo. O, como aquella primavera, nadie sabe cómo ha sido.
El caso es que el 21 de diciembre no finalizó el mundo.
Casi mejor así. Nos queda tanto por ver, por experimentar, por aprender, por hacer…

© José Luis Alvarez Fermosel

Notas relacionadas:

jueves, 20 de diciembre de 2012

Del Diccionario del Diablo


Ambrose Bierce fue uno de los genios de la literatura fantástica y de terror, junto con Edgar Allan Poe, Howard Lovecraft y Ernest Hoffman.
Se caracterizó por su narrativa corta, sumamente original.
Cultivó con igual originalidad y no menor brillantez el relato humorístico y el periodismo realista -en su país, Inglaterra y México-. Fue columnista y editorialista del San Francisco Examiner, propiedad del magnate de la prensa William Randolph Hearst, de su misma nacionalidad.
Su vida estuvo marcada por la aventura, y también por la fatalidad, en varios aspectos. Batió el cobre en la Guerra de Secesión (1961-1865), de la que salió con varias heridas graves y el grado de mayor, obtenido por méritos de guerra.
Su “Diccionario del Diablo” es una consecuencia de su empeño por criticar la sociedad, las instituciones y ridiculizar a los arquetipos; en él arremete contra todo y contra todos, con un delicado pero negrísimo sentido del humor.
Desapareció misteriosamente en México, hacia 1914, en la revolución de Pancho Villa. Había nacido en Ohio, el 24 de junio de 1842.
El director de cine argentino Luis Puenzo filmó en 1989 la película “Gringo viejo”, sobre la novela del mismo título del escritor mexicano Carlos Fuentes. Gregory Peck personalizó a Bierce, quien según algunos testimonios fue fusilado en el sitio de Ojinaga, en enero de 1914. También trabajaron en papeles protagónicos Jane Fonda y el chileno Patricio Contreras.
Ambrose Bierce escribió, entre otras obras, “Cuentos de soldados y civiles”, “La ventana tapiada”, “¿Pueden ocurrir estas cosas?” y “El puente sobre el río Búho”.
Transcribimos algunas palabras del “Diccionario del Diablo”, por orden alfabético, claro está.

Abandonado, s. y adj. El que no tiene atenciones que ofrecer. Despojado de ventura. Amigo de la franqueza y el sentido común
Batalla, s. Procedimiento de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.
Clérigo, s. Es el hombre que se responsabiliza de administrar nuestros negocios espirituales, como método de beneficiar sus propios negocios temporales.
Degradación, s. Es una de las fases del avance moral y social que lleva de la humilde posición privada al privilegio político.
Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.
Favor, s. Breve prólogo a diez volúmenes de exigencias.
Generoso, adj. Originariamente, el significado de esta palabra era noble por nacimiento y se aplicaba con honradez a una gran cantidad de personas. Ahora significa noble por naturaleza y va cayendo en desuso.
Híbrido, s. Discrepancia acordada.
Idiota, s. Miembro de una vasta y poderosa tribu, cuyo predominio en las cuestiones humanas ha sido absolutamente constante. La actividad del idiota “satura y regula el todo”, es decir que no se circunscribe a ningún campo especial de pensamiento o acción. Siempre tiene la última palabra; su decisión es indiscutible. Crea las modas de la opinión y el gusto, dicta las limitaciones del lenguaje, fija las normas de la conducta.
Justicia, s. Artículo más o menos falseado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.
Kilt, s. Traje que suelen utilizar los escoceses en Norteamérica y los norteamericanos en Escocia.
Legal, adj. Compatible con la voluntad del juez competente.
Magnífico, adj. Dotado de esplendor o grandeza superiores a los que el grueso del público está habituado; por ejemplo, las orejas de un asno para un conejo o la gloria de una luciérnaga para un simple gusano.
Nepotismo, s. Práctica que consiste en designar a la propia abuela para un cargo público, por el bien del partido.
Oportunidad, s. Ocasión favorable para atrapar un desengaño.
Paciencia, s. Forma menor de la desesperación, disimulada.
Quórum, s. En una junta de deliberación, número de miembros suficiente para hacer su voluntad.
Racional, adj. Carente de ilusiones, salvo las que nacen de la observación, la experiencia y la reflexión.
Superar, v. t. Hacerse de un enemigo.
Tregua, s. Amistad.
Una vez, adv. Suficiente.
Vanidad, s. Tributo que rinde un tonto a la virtud del asno más próximo.
Wall Street, s. Símbolo del pecado expuesto al juramento de todos los demonios. Que Wall Street sea una cueva de ladrones, es la creencia con que todo ladrón fracasado sustituye su esperanza de ir al cielo.
X. Letra inservible, aunque sirve de argumento a los que pretenden reformar la ortografía. Durará sin duda tanto como esos renovadores y como el propio idioma.
Yanqui, s. En Europa, un norteamericano. En los estados norteños, habitante de Nueva Inglaterra. En los estados sureños, la palabra es ignorada en su forma principal, aunque no en su variedad “fuera yanqui”.
Zenit, s. Punto del cielo situado directamente sobre un hombre parado o una col que crece. No se considera que un hombre en cama o un repollo en la cacerola tengan zenit, aunque sobre este punto hubo antaño graves discusiones entre los doctos pues algunos sostenían que la actitud del cuerpo carecía de importancia.

Por la transcripción: © J. L. A. F.

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