jueves, 16 de octubre de 2008

Créase o no

El sexo, cargado de tabúes, de prejuicios, de prohibiciones, de limitaciones, cada vez se practica menos… y peor, según estudios y estadísticas dignas de crédito, ya que unos y otras son obra de expertos, o al menos de estudiosos, que hay gente que estudia todo. Como si no tuviéramos bastante con las dificultades normales que presenta la práctica del sexo en sí, incluídas la disfunción eréctil, la eyaculación prematura, los problemas de “timing”, etcétera, en una buena parte del mundo prohiben determinadas prácticas sexuales, el uso de juguetes eróticos; se declara ilegal la cópula entre solteros, no se permite otra postura que no sea la del misionero (el hombre arriba, la mujer abajo); sigue multándose a las parejas que se besan en público, no se autoriza a hacer el amor con la luz prendida, las mujeres no pueden casarse si son vírgenes –prolifera el oficio del desvirgador, muy codiciado, que va de pueblo en pueblo para ofrecer a las jóvenes casaderas su primera experiencia sexual-, se prohibe a los hombres casarse con mujeres vírgenes y no se autoriza jugar al ajedrez durante el “intercourse”. El periodista Luis Landeira recopila 30 "tips" -como se dice ahora- imperdibles en la revista española ADN. Vean, lean, diviértanse y asómbrense.

© José Luis Alvarez Fermosel

Nota relacionada:

“Las locas leyes sexuales”
(http://www.adn.es/sexo/20080926/NWS-1163-las-leyes-del-coito.html)

domingo, 12 de octubre de 2008

La isla de Orwell

Jura es una isla encantadora del archipiélago escocés de Las Hébridas en la que George Orwell (1) escribió su obra “1984”, que lamentablemente sirvió para dar origen a un engendro televisivo llamado Gran Hermano.
El nombre del engendro, que ha dado la vuelta al mundo, está tomado del personaje central de la novela del gran escritor británico.
Alguno recuerda ahora a Orwell y su obra más representativa por el engendro. Como decía Paco Umbral:
“¡Hay que joderse!”
En Jura habitan 160 personas y…¡5.000 ciervos! Ni que decir tiene que muchos de estos últimos son abatidos por tiros de rifle y terminan convertidos en estofado.
No es fácil llegar a esta enigmática y bellísima isla –la evocación de “La isla misteriosa”, de Julio Verne, es inevitable-, surcando el proceloso Océano Atlántico.
Al arribo uno se encuentra con montañas sagradas, animales salvajes en libertad –además de los ciervos- que campan por sus respetos, monumentos megalíticos erigidos por no se sabe quién y, lo más insólito y agradable: un whisky excelente que lleva el nombre de la isla y está considerado como uno de los mejores del mundo.
Algo de lo que no pudieron disfrutar Ciro Smith y sus amigos en la isla de Verne, pues al parecer su salvador, el capitán Nemo, no tenía whisky entre sus provisiones en su fantástico submarino y le fue imposible tomarse unas copas del noble caldo escocés con sus protegidos.
Laird Archibald Campbell construyó la primera destilería de whisky en la isla en 1810, cerca de una cueva donde se destilaba malta ilegalmente.
Ahora, en un marco de total legalidad y contra un fondo de vegetación lujuriante, puede uno ingurgitar tranquilamente un whisky ligero y suave, “single malt”, quizás acompañado por algunas de las famosas galletas escocesas.

(1) En realidad seudónimo del escritor británico Eric Arthur Blair (nacido en India el 25 de junio de 1903 y muerto en Londres el 21 de enero de 1950). Gran ensayista, comenzó escribiendo en periódicos. Antitotalitarista a muerte, luchó a favor de la República en la Guerra Civil española y críticó acerbamente el imperialismo británico y los totalitarismos nazi y stalinista en sus dos obras más conocidas: “Rebelión en la granja” y “1984”.



© José Luis Alvarez Fermosel

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"Contadora. Una isla con historia"
(http://elcaballeroespanol.blogspot.com/2008/09/contadora.html)



Rizos, puntos y rayas y un romance en el aire

Alguien ha lanzado al aire claro, posiblemente de primavera, rizos –previamente cortados- de una muchacha de pelo endrino. Los rizos se han convertido en hojas de árbol.
Un telegrafista jubilado y romántico –ya no los hay en activo: los mensajes se mandan por correo electrónico-, ha distribuído al mismo tiempo, con justeza, una serie de puntos y rayas. (Morse se hace el distraído).
Y así se formó esta bella estampa con pareja, árbol y farola o semáforo.
El dibujante –ya hablando en serio- de esta escena consiguió una síntesis perfecta y, pese a la economía del trazo, muy expresiva.
Es un genio. Nos demuestra que la sencillez elevada a la enésima potencia no está reñida con la expresividad, e incluso con el romance, no por soterrado menos evidente, que en este caso palpita en el escorzo de las figuras.
Se ve en el rostro de la mujer vuelto hacia el del hombre, cuya circunspección se atenua con el ademán de aproximación a medias de su brazo derecho.
Una instantánea con movimiento y significado, sabiamente silueteada con una tinta alegre, que revela que el hombre y la mujer van camino a un parque. Una vez en él, se sentarán en un banco, bajo un árbol recién florecido, y se confesarán su amor.
No con otra intención salieron cada uno de su casa, se encontraron y caminan juntos con una esquemática sordina en blanco y negro.
Hay algo geométrico en la consistencia del dibujo, en algunas líneas rectas que parecen trazadas con regla.
La geometría del espacio, en esta oportunidad, ha cambiado sus coordenadas por un idilio en trámite con fondo blanco. ¡Ya era hora de que la geometría nos diera una satisfacción, que nos ha dado muchos quebraderos de cabeza en nuestra bachillerato!
Punto, raya, punto, punto, raya, rizo…

© José Luis Alvarez Fermosel

lunes, 6 de octubre de 2008

Balada del boludo

Por mirar el otoño

perdía el tren del verano.
Usaba el corazón en la corbata.
Se subía a una nube,
cuando todos bajaban.
Su madre le decía:

No mires las estrellas para abajo,
no mires la lluvia desde arriba.
No camines las calles con la cara,
no ensucies la camisa;
no lleves tu corazón bajo la lluvia, que se moja.
No des la espalda al llanto,
no vayas vestido de ventana,
no compres ningún tílburi en desuso.
Mirá tu primo el recto

que duerme por las noches.
Mirá tu primo el justo
que almuerza y se sonríe.
Mirá tu primo el probo
puso un banco en el cielo.
Tu cuñado el astuto
que ahora alquila la lluvia.
Tu otro primo el sagaz
que es gerente en la luna.
—Tienes razón, mamá —dijo el boludo

y se bebió una rosa.
—No seré más boludo—
y se bajó del viento.
Seré astuto y zahorí—
y dio vuelta una estrella para abajo
y se metió en el subte
y quedaron las gaviotas.
Entonces vinieron los parientes ricos

y le dijeron:
—Eres pobre, pero ningún boludo.
Y el boludo fue ningún boludo
y quemaba en las plazas
las hojas que molestan en otoño.
Y llegó fin de mes.
Cobró su primer sueldo
y se compró cinco minutos de boludo.
Entonces vinieron las fuerzas vivas

y le dijeron:
—Has vuelto a ser boludo, boludo.
—Seguirás siendo el mismo boludo de siempre.
—Debes dejar de ser boludo, boludo.
Y medio boludo,

con esos cinco minutos de boludo,
dudaba entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre.
Dudaba como un boludo.
Y subió las escaleras para abajo,
hizo un hoyo en la tierra
miraba las estrellas.
La gente le pisaba la cabeza,
le gritaba boludo.
Y él seguía mirando
a través de los zapatos
como un boludo.
Entonces vino un alegre y le dijo:

—Boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo:
—Pobre boludo.
Vino un triste y le dijo:
—Triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo:
—Reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo:
—Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo:
—Judío boludo.
Vino su madre y le dijo:
—Hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
—Te quiero.
© Isidoro Blaisten


Isidoro Blaisten nació en 1933 en Concordia, Entre Ríos. Murió en Buenos Aires en 2004. Fue librero y redactor publicitario, de ahí su rapidez y precisión para escribir. En los diarios porteños Clarín y La Nación dejó muchas muestras de su ingenio y maestría narrativa. La revista Sur publicó su primer cuento, “El tío Facundo”
Blaisten fue poeta, por encima de todo. Un poeta inspirado, expresivo y sensible que hizo al humor las concesiones que merece. Su primer libro fue “Sucedió en la lluvia”, al que pronto siguieron “La felicidad”, “La salvación”, “Cerrado por melancolía”, “Anticonferencias” y otros muchos, a cual mejor.
Su antología “Escritos de amor” fue recogida por Alfaguara. Sus cuentos figuran en muchas compilaciones editadas en toda América Latina. Recibió muchos premios, entre ellos el Nacional de Literatura, el Konex y el del Fondo Nacional de las Artes.
Escritor costumbrista, agudo observador y en ocasiones crítico de la sociedad de su tiempo, irónico sin levantar roncha, conmovedor siempre, Isidoro Blaisten fue un escritor de verdad, de los de antes.
No está ausente en él la tradición literaria del Río de la Plata, sobre todo en lo que se refiere al cuento. Una de sus obras –que no puede calificarse de menor- fue “Balada del boludo”, que antecede.

domingo, 5 de octubre de 2008

Dos más dos son cuatro, siempre

No hay que empeñarse, creo yo modestamente, en no ver la realidad tal cual es, en fabricarse una realidad, en anclarse en la irrealidad. Me parece que eso no es bueno para uno ni para los demás.
La única verdad es la realidad, dijo Perón. No sé hasta qué punto esto es matemáticamente cierto. De cualquier manera, la frase en cuestión no cayó siempre en Argentina en terrerno fértil.
Tal vez no haya una sola verdad, sino muchas; quizás cada uno tenga la suya, distinta de las de los otros-. Pero la realidad es una sola para todos.
Jamás me olvidaré de lo que le escuché decir al escritor peruano –nacionalizado español, residente en Londres- Mario Vargas Llosa en una asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebrada hace casi diez años en la ciudad balnearia uruguaya de Punta del Este.
“La gente no se resigna a aceptar que algo tan aburrido y pedestre como el sentido común pueda llegar a representar una virtud, y sigue prefiriendo la irrealidad, por fulgurante y seductora, a la realidad”, dijo Vargas Llosa. Tenía toda la razón del mundo.
Por eso medran tantos políticos mesiánicos en América Latina, donde las sociedades son inmaduras porque sus convicciones democráticas siguen siendo débiles. Esa inmadurez se basa en la creencia, tan latina, de que la realidad puede acomodarse a nuestros deseos.
Mezclamos con extraordiaria habilidad los planos de lo real y lo imaginario.
El surrealismo viene de lejos. Fue muy aprovechado por escritores como Borges, Cortázar, Carpentier y García Márquez, cultores a ultranza del realismo mágico, ingrediente esencial de la literatura latinoamericana, procedente de las primeras narraciones sobre América en las que abundaban las serpientes de mar, los pulpos gigantescos y otros seres que no existían más que en las imaginaciones de quienes las contaban.
Así que, como dijo Vargas Llosa, la costumbre de mezclar lo verdadero con lo falso tiene entre nosotros una tradición secular.
Vargas Llosa destacó en aquella conferencia un aspecto al que no siempre se concede la importancia debida: la influencia que tiene la cultura en la determinación de las relaciones entre la mentira y la verdad, en lo que es la descripción verídica de un hecho real y una descripción deformada por factores subjetivos.
Esta tradición, más aún, ese culto a lo irreal, a lo fantástico hizo que no supieramos organizar bien nuestras sociedades a la hora de crear riqueza o adecuarnos a la cultura de la libertad.
Giramos en un “maelstron” de mitos, verdades a medias, mentiras convertidas en verdades a fuerza de repetirse, raras mixturas y tremendas mixtificaciones que no sólo se admiten como verdades sino como realidades, lo cual es mucho peor.
El esotérico detective de nombre cabalístico S.F.X Van Dusen, creación del escritor estadounidense de origen francés Jacques Futrelle (1), sostenía: “Dos y dos son cuatro, no algunas veces, sino siempre”.


1) Nacido en Pike County (Georgia) en 1875 y muerto en 1912 en el naufragio del Titanic, fue periodista en el Boston American. Le hizo famoso su personaje más conspicuo: el detective privado S.F.X Van Dusen, la Máquina Pensante. Van Dusen, doctor en Derecho, Filosofía, Medicina y cultor de otras disciplinas, era de estatura media y gran cabeza, rubio, miope, estrafalario y de mal carácter. Resolvía todos sus casos basándose en la lógica. Apareció en tres novelas y en dos volumenes de cuentos, uno de los cuales, “El problema de la celda número 13”, fue ampliamente difundido en varias antologías.

©José Luis Alvarez Fermosel




viernes, 3 de octubre de 2008

Más música y más recuerdos

La playa se ha quedado desierta: sin bañistas, sin un solo fotógrafo; sin el bañero, que está casi de color chocolate de puro quemado por el sol; sin la viejecita que vende botellas de cerveza y gaseosa que lleva dentro de un cubo de plástico verde con hielo.
Ningún niño se dejó olvidada su pelota de colores. Subió la marea y las olas disolvieron en un instante el único castillo de arena que quedaba en pie.
Todos los nadadores vespertinos se marcharon hace tiempo. Sólo quedan en la playa unos cuantos papeles manchados de grasa, que la brisa hace rodar por la arena; algas, un tarro vacío de crema contra las quemaduras del sol; una revista, desde cuya portada en color sonríe la modelo colombiana Carolina Méndez.
Las notas de una melodía vienen desde el Club Náutico rodando por la brisa: “Someone to watch over me”. Canta Rod Stewart. A la derecha parpadean unas luces de neón azules, cegadoras.
Hay un chiringuito pequeño en el centro de la playa. Botellas, latas de conservas. Junto a una tosca mesa de madera de pino dormita un perro de aguas.
La vela de un balandro, una vela latina a lo lejos...: junto al mar latino te diré mi verdad...-.
- ¿Tu verdad, ¿cuántas veces has dicho tu verdad en una playa?
- En esta playa, aquí mismo, en Benidorm, ella me dijo…
- ¿Ella te dijo…? ¡Tú le dijiste!
- Pero ella…
- ¿Me vas a venir con una cancioncita, otra vez, con los recuerdos, con la nostalgia?
- No, simplemente me estaba acordando de aquella otra noche, en Veracruz...
- La canción se titulaba “Noches de Veracruz”
- “Noche tropical,/cielo de tisú,/noche que se derrama sobre la arena,/mientras la playa canta su inútil pena…”
- Creo recordar que en San Juan de Luz ronroneaba un acordeón, en un bistró lejano.
- Me parece que era un disco –como decíamos entonces- que había puesto alguien en una vieja victrola. Una canción de Rina Ketty: “J’attendrai”. “J’ attendrai le jour et la nuit,/ j’attendrai toujours ton retour,/ játtendrai car l’ oiseau qui s’enfuit/ vient chercher l’oubli dans son nid…”
- Ella te esperó en vano, porque no volviste
- Uno se pasa la vida yendo y viniendo de aquí para allí, siempre con prisas, y a veces llega tarde, o no llega nunca adonde le esperan. Otras veces es otra persona, a la que uno espera, la que no llega jamás. Es la vida.
- Muy simplista, por no decir adocenado y, sobre todo, muy acomodaticio. Eso ni siquiera tiene música.
- Tal vez así: la de aquella canción que dice: "¿Por qué te fuiste, y me dejaste, aquélla noche…?"
- Pero estábamos hablando de no volver, no de irse.
- Entonces recurramos a Chavela Vargas y a uno de sus “hits”: “¡Volver, volver, volver…!
- ¿Vas a encontrarle siempre música de fondo a tus ausencias, a tus defecciones?
- No me creas tan cínico. Es que la música despierta la nostalgia. Y uno se aferra a sus recuerdos porque, después de todo, es casi lo único que le va quedando.


© José Luis Alvarez Fermosel

jueves, 2 de octubre de 2008

El sol ya es de color uva moscatel por la tarde

Salí de la radio y caminé un rato largo. Iba solo con mis pensamientos. Una vez dije eso y ella -¡qué rica!- opinó : ”¡Cuánto debiste aburrirte, querido…!”
No iba sin rumbo, empero, ni tan abstraído que no me diera cuenta de que la atmósfera estaba más despejada y la luz, la luz de la media tarde era más intensa, más clara.
Además, todo a mi alrededor parecía ralentizado. Pasaron unas chicas con los ojos luminosos. Iban sin prisa. Se reían. Chicoleaban unos perros canela ante una casa con el frente de ladrillo.
De pronto me di cuenta de que eran casi las seis y media y había sol, un sol dorado, color de uva moscatel. Algo azul claro había en el aire, es decir, parecía venir una luz color lavanda de nó sé dónde.
Olía a ozono y a otra cosa más que no supe definir. Recordé el intenso olor a flores y a velas encendidas de las mañanas de mayo del patio de mi colegio. Al fondo se había erigido un altar presidido por una imagen de la Virgen, en un mes en el que le rendíamos homenaje: el mes de María, el mes de las flores. A veces me viene ese aroma, en una suerte de “déjà vu” que en realidad no lo es.
Apenas había salido de la radio. Encontré todo más limpio, parecía lavado y dejado secar al aire. ¡Qué sensación más rara, pero de ningún modo desagradable, todo lo contrario!
Apenas unos días atrás se hacía de noche poco antes de las seis de la tarde. La luz era oscura. Las calles estaban húmedas y hacía frío.
¿No me dijo alguien el otro día no sé qué de los estudiantes, que celebraron su día, o algo así?
De pronte me di cuenta y me paré en mitad de la calle. ¡Había llegado la primavera!


© José Luis Alvarez Fermosel

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“Diálogo en la tarde”