
No pertenece uno a esta generación, y para colmo de males tiene muy poca, por no decir ninguna habilidad manual. Añádase a estos dos importantes handicaps el hecho de ser más rápido que lento y más impaciente que paciente, facetas de mi carácter acentuadas, quizás, por muchos años de trabajo en agencias internacionales de noticias -en países en circunstancias difíciles- y en secciones de cierre de varios diarios.
Pero Angélica Gorodischer, que tiene el don de la persuasión, me ha convencido de que nunca es tarde para aprender lo que sea, incluso el manejo de un teléfono celular.
Por eso, la próxima vez que me olvide en la barra de un bar o en un taxi el mío, que llevo encima algunas veces, sólo para hacer y recibir llamadas, me compraré uno de los más completos.
Al no tener nietos que me desasnen, como la afortunada Angélica, que tiene a Nicolás, le pediré a algún abuelo amigo que me preste cualquiera de los suyos para que me dé unas clases, a ver si yo también puedo llegar a tiempo… pensando en Rita Levi.
© José Luis Alvarez Fermosel
2 comentarios:
José Luis, si consigues un nieto prestado, me avisas y aprendemos juntos; pasa que cuando logramos dominar todas las triquiñuelas de uno, ya sacan otro más complicado, con el único objeto de amargarte la vida. :)
Un abrazo y si aprendes, me llamas.
Carlos: He encontrado varios nietos y han intentado desasnarme en vano. Por otra parte, y como tú bien dices, apenas aprende uno algo ya sale lo nuevo, más difícil todavía. Aprenda o no, estoy a tus órdenes. Un abrazo.
Publicar un comentario