viernes, 15 de julio de 2011

La moda de expresarse incorrectamente

Parte de la corrupción y el empobrecimiento del idioma español, patentes en la radio y la televisión, se debe a una moda, con toda probabilidad, y no a la ignorancia. 
La moda es ya decir mu, en vez de muy. Por tanto, es frecuente que oigamos decir mu buenos días, o mu buenas tardes, según corresponda, y también está mu bueno.
Se tiene, además, la manía, que ha hecho callo como un hueso roto, de informarse poco y mal en ciertos aspectos de la crónica policial.
Por ejemplo, si alguien se ha lastimado en una pierna en un accidente, o le han metido una bala en alguno de los asaltos a mano armada que forman parte del folklore porteño cotidiano, se dirá que el herido lo fue en una de sus piernas -¡claro, no va a ser en la pierna de otro!-, en lugar de explicar que el balazo alcanzó a la víctima en la pierna derecha o en la izquierda, según el caso. Desde luego, hay que averiguar en cual de sus piernas fue herido. A simple vista, no parece muy difícil.

Delincuentes

Los delincuentes son eso: delincuentes. Parece que la palabra delincuente no tiene sinónimos como malhechor, maleante, malviviente, hampón, atracador, asaltante, forajido, ladrón, bandido, criminal –si ha cometido un crimen-, salteador, facineroso, fugitivo, si está huyendo…
Hablando de crímenes –tema poco grato, ya sabemos-, si a Pérez lo asesinan habrá que hablar del asesinato de Pérez, no del crimen de Pérez, pobre hombre, que no cometió ninguno sino que fue víctima de uno.
Las armas son las armas, por antonomasia. No hay pistolas (ni las de reglamento de las fuerzas de seguridad, ni ninguna otra), revólveres, pistolones, escopetas (de dos cañones, de uno, de caza, de cañón recortado, las Itaca y las lanza granadas de gas de la policía), carabinas, rifles, fusiles, fusiles de asalto, ametralladoras, metralletas, cuchillos, puñales, estiletes, navajas, navajas de resorte, dagas, facones, púas, machetes, cachiporras, bastones (los de la policía), puños de hierro, mazas…

Lo de antes no sirve

El hace tanto tiempo atrás, en vez de hace tanto tiempo, o tanto tiempo atrás, es también moneda corriente, como la casi totalidad por casi la totalidad, a punta de pistola en vez de pistola en mano (la pistola no tiene punta, sino cañón; las que tienen punta, y algunas filo y contrafilo, son las armas blancas).
Ni qué hablar de primer vez o tercer nota, en vez de primera vez y tercera nota, lleno total por lleno impresionante, o espectacular, no puedo dejar de olvidar, por no puedo dejar de recordar. Todo se hace como que, o de alguna manera. Claro, de lo contrario no se haría.
Hay un gran desprecio por todo lo que sea de antes, por la cultura, por la estética. Todo lo que no esté pasando ahora no sirve, no tiene importancia. En todo caso, si hay que enterarse de algo que sea “cool” se va uno a Google. La Wikipedia es un rollo.
Una agencia de publicidad se mofa del latín al anunciar por televisión un agua saborizada, lo cual indigna a toda una generación que estudió esa lengua durante siete años en su bachillerato, durante el cual le dijeron, y tenían razón, que el conocimiento del latín era importante para muchas cuestiones y para el posterior estudio de las lenguas románicas.
A nadie le interesan hoy en día las lenguas románicas, ni creo que se sepa cuales son. No hablemos de literatura, ni de libros. Los libros que más se se editan y venden son los de autoayuda, temática que no escapa al toque de onanismo presente en tantas cosas de estos tiempos.
Pues nada, mu bien.

© José Luis Alvarez Fermosel

Notas relacionadas:

jueves, 14 de julio de 2011

De un género a otro


El término andrógino, o androginia, procede del griego; es la combinación de las raíces andro (masculino) y gym (femenino).
En El Banquete de Platón se habla de la existencia de una clase particular de ser humano denominado andrógino, de cuatro brazos, cuatro piernas y dos rostros (como Jano, pero la de Jano es otra historia).
Esos cuerpos eran extremadamente vigorosos. Júpiter decidió dividirlos en dos. Hecha la escisión, cada mitad se esfuerza por encontrar su otra mitad.
Calificada de tercer sexo, la androginia gana terreno en todo el mundo. No hay hombre alguno completamente masculino, ni mujer completamente femenina.
Ya lo dijo Margaret Fuller. Anahí Escobar, ex asesora de imagen de la Productora Mujer Milenio, sostiene por su parte que el posmodernismo pone cambios sobre el tapete.
No le falta razón. Dentro de este renacimiento, por llamarlo de algún modo, surgieron destacadas personalidades que ondearon banderas: Prince y Marilyn Manson, sembrando dudas acerca de su esencia sexual, hasta llegar a Paul Gaultier, vistiendo a los hombres con faldas y a las mujeres con trajes masculinos.
En Argentina tuvimos a los integrantes del conjunto de rock Miranda, que jugaron con el “look” andrógino imitando al, en su momento, homólogo Adrián Dárgelos, de los Babasónicos.
Inés M. Martínez-Mora dijo recientemente en el diario madrileño El País que la industria ha abrazado el tránsito de un género a otro como canon de belleza, lo cual sostiene con profusión de datos, cifras y nombres. Nada queda colgando.
La nota se titula “Más ambiguos que nunca”.

© José Luis Alvarez Fermosel

Nota relacionada:

Del autor:

miércoles, 13 de julio de 2011

El mito de los dos litros

La moda -porque se trata de una moda- de beber dos litros, u ocho vasos de agua -que es lo mismo- por día puede ser perjudicial para la salud. Y, desde luego, es una tontería.
Lo asegura una prestigiosa médica clínica escocesa en declaraciones que han dado la vuelta al mundo y recoge la web BBC Mundo.
Varios estudios serios demuestran que no hay una clara evidencia de los beneficios que proporciona beber grandes cantidades de agua, dice la doctora Margaret McCartney (ver nota relacionada).
El American Journal of Physiology reveló en un informe publicado en 2002 que no hay pruebas científicas de que se necesite beber tanta agua.
Cuando la moda revistió características de frenesí –como suele pasar-, la gente cargaba en mochilas, bolsos, portafolios, el coche, hasta en el bolsillo de la campera su botella de agua, que llevaba al bufete del abogado, al banco, a las oficinas públicas y privadas, los templos, los cafés -¡como si en ellos no se despachara agua y hubiese que llevarla!-, los transportes públicos, los consultorios de los médicos…
En todas partes había depósitos de agua, con los clásicos vasitos de plástico blanco, y la gente bebía con deleite y con frecuencia, como si se tratara de un elixir.
Las agencias de publicidad ganaron miles de millones de dólares en todo el mundo, se abrieron nuevas, destinadas sólo a anunciar marcas de agua mineral. Surgieron las llamadas aguas saborizadas, ¡aparecieron bares de agua…!
No cejó de exhortarse a la ingesta de los dos litros de agua, sin tener en cuenta otros líquidos que se consumen, como caldos, sopas, café, té, gaseosas de cola y de las otras, cerveza, vino, licores…
Sólo algunos médicos con sentido común recordaron que hay que beber agua cuando se tiene sed, el gran indicador de que el cuerpo está necesitando líquido, y el vaso grande nada más levantarse de la cama.
No se les hizo caso y lanzaron la voz de alarma: ¡El consumo excesivo de agua puede provocar enfermedades! La gente siguió con sus ocho vasos, y hasta diez. Y empezó a enfermarse. Nosotros publicamos en este blog algún testimonio al respecto.
La moda, el marketing, la publicidad, el boca a oreja seguían logrando que la gente bebiera cada vez más agua.
Ahora parece que podría caer el mito de los dos litros. Pero, ¡cuidado, porque los mitos no suelen morir nunca! 

© José Luis Alvarez Fermosel

Notas relacionadas:
Consejo de tomar ocho vasos de agua al día es “tontería”

Del autor:
El agua y la salud
Los peligros de las adicciones

martes, 12 de julio de 2011

Cochinillo asado

El cochinillo asado al estilo de Segovia es una de las delicias más extremas de la gastronomía española en general y de la zona de los asados de la Península Ibérica en particular. De esta comarca son  las ciudades de Burgos, Soria, Avila, Segovia, Zamora, Valladolid y Palencia, pertenecientes a la comunidad autónoma Castilla-León.
El modo de hacerse no puede ser más simple. La guarnición más común son las patatas al horno. Yo prefiero una ensalada verde.
Lo ideal para acompañar al cochinillo es el vino tinto, cualquiera que sea de la región, preferiblemente genérico o de corte, es decir, hecho con varios tipos de uva.

© J. L. A. F.

Ver vídeo:
http://www.youtube.com/watch?v=Bpz02QDlVf4


lunes, 11 de julio de 2011

Uno y el lavabo

¿Cómo puede la imagen del rostro de uno aparecer estampada en la puerta del lavabo de caballeros de un bar, o establecimiento similar, a fin de dar a conocer al público que ese y no otro es el lugar al que tienen que ir los caballeros –e incluso los que no lo son- para ejercer una función fisiológica, la que sea, la que más apremie?
Semejante cosa, ¿es para envanecerse, o para darse a todos los diablos?
Los efectos que le produzca a uno ver su cara en ese sitio, ¿pueden conducirle al diván del psicólogo, presa de una sensación de inferioridad, o por el contrario elevar su ego, a falta de otros estímulos más eficaces?
El conocido escritor español Manuel Vicent está en condiciones de comentar un asunto tan bizarro desde su experiencia, que le impulsó a escribir varias columnas, a cual más desopilante, como era de esperar de un autor de gran ingenio y no menor capacidad para la sátira.
Reproducimos uno de sus últimos trabajos, por parecernos el más completo de los varios que ha publicado hasta ahora sobre un asunto tan poco común. La acción transcurre, precisamente, en Buenos Aires y aparece en el diario El País de Madrid, que tiene a Vicent entre sus colaboradores más prestigiosos.

© J. L. A. F.

Nota relacionada:
Rey del lavabo

domingo, 10 de julio de 2011

Arte y sátira

William Hogarth (1697–1764) fue uno de los más originales y polifacéticos pintores ingleses de todos los tiempos; excelente grabador y muralista y, en otro orden, escritor y legislador.
Escribió un importante tratado de estética, Analysis of Beauty. Cuatro años después fue nombrado pintor de la corte del rey Jorge II.
Como debido a la popularidad de sus grabados surgieron numerosas falsificaciones, propuso y consiguió que se aprobara una ley de copyright (derechos de autor) en 1735, conocida como la Ley Hogarth.
Fue un magnífico retratista. Pintó entre otras personalidades de la época al famoso cómico Garrick En cuanto a su técnica pictórica en general, podría decirse que viene de los grandes maestros holandeses del siglo XVII. Se distinguió por una gran frescura de la pincelada, rápida y nerviosa, que recuerda algunos trazos de Frans Hals.
Como tantos de sus homólogos, Hogarth cultivó el género autónomo de la conversation piece, alternativa de la corriente del retrato.
Descubrió en la sátira social una suerte de leit motiv para su pintura. Llegó más allá al hacer un género de ese tipo de crítica, que el calificaba de motivo moral moderno.
Fustigó la manía de los miembros de todas las clases sociales de querer ser más que los demás: aristócratas sin un penique, burgueses obsesionados por ascender de cualquier manera en la escala social, eclesiásticos ofuscados por los placeres mundanos y otros personajes que sus pinceles captaron en expresiones y postura en los lindes de la caricatura, con tantos detalles descriptivos que Hogarth se vio obligado en ocasiones a incluir notas explicativas de lo que era una especie de horror vacui.
Una de sus mejores obras es Autorretrato con el perro Trump (1745), que se conserva en la Tate Gallery de Londres. El cuadro tiene una gran fuerza alegórica y poética y, como en otros trabajos, su autor dispone con sabiduría y sutileza los objetos-metáfora.
El crítico Stefano Zuffi recuerda que, en su autorretrato, el busto del artista se apoya en una pila de libros de Shakespeare, Milton y Swift; el perro representa la fidelidad y sobre la paleta resalta la línea de la gracia, que para Hogarth simbolizaba la base de la belleza y la armonía.
Sobre esas excelsitudes se centraron su vida y su obra.
Como ser humano se caracterizó por su afán por la legalidad y su repudio a la impostura, la fatuidad y la pedantería.

© José Luis Alvarez Fermosel

viernes, 8 de julio de 2011

La realidad circundante

El psicoterapeuta costumbrista Sempronio Peribáñez advierte que el poder polítco implica para quien lo ejerce el grave riesgo de convertirse en psicópata, como se denomina al individuo que deforma la realidad a su antojo. (Alberto Firpo, La Nación)

La gente; unos más, otros menos…; todos tenemos una marcada propensión a no ver la realidad circundante, que casi siempre no es la que quisiéramos que fuera.
- ¿Te acuerdas de aquel amigo tuyo policía que estaba interrogando a la testigo de un robo, y ella le dijo que el ladrón era un gigante rubio, como de sesenta año, con un revólver Colt del 45?
- ¿Cómo no me voy a acordar? El ladrón era… ¡una mulata de 14 años armada con una pistola de agua!
- Fue en Nueva York, ¿no?
- Sí. Y en Nueva York, también, ocurrió lo de los psicólogos.
- ¿Qué fue lo de los psicólogos?
- Ah, ¿no lo sabes? Te va a encantar.
- ¿Pero es una historia real?
- Ya lo creo. Te la cuento en dos palabras. Se reunió a una docena de psicólogos en un salón de Manhattan. Sin haberlos prevenido se llevó a cabo la siguiente pantomima: un hombre llegó corriendo al recinto por el pasillo central y otro ingresó por una puerta adyacente. El segundo hombre le disparó al primero con una pistola –naturalmente, cargada con cartuchos de fogueo- y un tercer hombre que apareció por otra puerta golpeó al segundo y lo desarmó. Los tres salieron por distintos lugares. Se armó un pandemonium fenomenal. Uno de los psicólogos, el único que sabía de lo que se trataba, se levantó y calmó a sus compañeros; les explicó que todo había sido preparado y les pidió a continuación que escribieran un informe contando lo que habían visto, lo más detalladamente posible.
- ¿Y bien?
- Ningún informe se aproximó, siquiera, a la realidad. No hubo dos iguales. En uno, incluso, se afirmaba que el tercer hombre había disparado sobre el primero.
- ¡Qué increíble!
- Es que cuando se produce un acontecimiento que se sale de lo corriente, y por si esto fuera poco reviste características de violencia, la capacidad de observación se distorsiona, por efectos del desconcierto y el miedo y no tiene nada de particular que se reaccione de cualquier manera.
- ¡Pero psicólogos, acostumbrados a escuchar, a observar, profesionales reposados, serenos…!
- Que en su vida han visto una pistola, ni gente atacada a tiros, a no ser que hayan tropezado alguna vez con un asalto a mano armada a la salida de su consultorio.
- Por eso yo creo que desde los primeros cursos de la enseñanza secundaria debería acostumbrarse a los alumnos a ver las cosas como son, a aceptar la realidad, que es algo que no se puede cambiar; y en otro orden, a controlar la aprensión, el desconcierto, el pánico y sentimientos parecidos que pueden provocar desbarajustes y situaciones caóticas, cuando no plantear problemas de salud, si brotan como reacción ingobernable ante lo desconocido, lo insólito, lo violento, lo amenazador…

© José Luis Alvarez Fermosel