miércoles, 30 de mayo de 2012

El caso es no hablar, ni mucho menos contestar


Dice:
- ¿Hablaste con el ingeniero?
- Sí, le mandé un e-mail y dos SMS
- ¿Te contestó?
- No, lo que quiere decir que todo está bien.
- Perdóname, pero no sabemos si está todo bien, o todo mal; en realidad, no sabemos nada hasta que el ingeniero nos responda.
- Ya te he dicho que le dejé varios mensajes.
- ¿Pero hablaste con él?
- Me comuniqué con él.
- Sí, pero por lo que me dices, él no se comunicó contigo, así que estamos como cuando vinimos de España.
- No sé…
- Yo sí sé; yo sí sé lo que hay que hacer: llamarle por teléfono, que se ponga, como decía Gila y hablar con él, esto es, que tú le digas lo que le tienes que decir y él te diga lo que te tiene que decir.
- ¿Y si no está, o el teléfono da ocupado?
- Esperas un rato y vuelves a llamar, o le mandas los mensajes que quieras, cortos o largos, por la vía que quieras, pero te aseguras de que te conteste. Y de paso, averiguas si está de buen humor, o de malo, y si te dice todo lo que te tiene que decir. Me interesa también, ¡y mucho!, que establezcas contacto con un ser humano, aunque sea verbalmente.
- No sé…

© José Luis Alvarez Fermosel

martes, 29 de mayo de 2012

Comunicación, manías y fobias


Hay mucho de lúdico, o mejor dicho de maníaco en el uso, por no decir el abuso de los gadgets de la supermoderna tecnología de las comunicaciones.
No ya en la oficina, o en casa, hasta en el café, los medios de transporte, la calle, todo el mundo anda con el teléfono móvil, la tableta o lo que sea puesto.
Hay gente que entiende que todas esas cosas no son más que herramientas, no juguetes, y las usa como tales. Y se pregunta si verdaderamente hay tanta necesidad de comunicarse como para estar todo el día, o una buena parte de él hablando por el celular, enviando mensajes de texto y tomando fotografías con aparatos muy distintos de las viejas cámaras y también de las de última generación.
Ya di a conocer en este blog la estremecedora respuesta que me dio un muchacho cuando le pregunté que qué haría si no tuviera teléfono celular: ¡Me moriría!, me respondió en el acto, para añadir inmediatamente que no concebía la vida sin el movi.
Ha surgido otra modalidad de robo al vuelo, específicamente en los transportes de superficie y trenes: la de los teléfonos,  Blackberrries, etc. Ya se ha advertido al público.
La exageración, la desmesura en la utilización de los nuevos instrumentos de comunicación está dando lugar a trastornos mentales como la nomofobia, de la que habla largo y tendido la nota relacionada de Ximena Casas publicada en el diario El Cronista de Buenos Aires.

© J. L. A. F.

Nota relacionada:

Del autor:

lunes, 28 de mayo de 2012

¡A beber pasto!


Se ha puesto de moda -sobre todo en la juventud posmoderna- ingurgitar pasto convertido en líquido.
Los consumidores dicen que el pasto es muy bueno para la salud. Médicos, nutricionistas y otros expertos sostienen que no hay tal, en absoluto, que se trata de sólo de una moda.
¿Una moda? ¡Dios mío, con la fuerza que tiene la moda!
Ya me veo encontrándome en la barra de un bar con un amigo que bebe algo de color verde en un vaso de trago largo, y responde a mi pregunta acerca de lo que toma diciéndome, con cara de sabelotodo: ¡Pasto! Es buenísimo, ¿por qué no pides un vaso?
Hay que leer la nota relacionada del diario Perfil de Buenos Aires que firma Carolina Koruk.

© J. L. A. F.

Nota relacionada:

domingo, 27 de mayo de 2012

Los freeganos


El hombre joven de nuestro tiempo -o al menos una buena cantidad de ellos-, que  nosotros hemos dado en llamar macho posmoderno, o macho posmo, no deja de asombrarnos con sus conductas, que estudian afanosamente psicólogos, sociólogos, semiólogos y otros científicos especializados en el estudio del comportamiento humano.
El macho posmo está en todo el mundo. Todos hace las mismas cosas. 
Los freeganos, que comen desperdicios y, si se tercia, los que están en la basura, brotaron de pronto en Estados Unidos como los hongos en primavera, después de la lluvia.
Ya están aquí, entre nosotros, y en una buena parte del mundo, por supuesto.
Conozcámoslos. Nos los presenta Diego Yáñez Martínez en el diario La Nación de Buenos Aires.

© J. L. A. F.

Nota relacionada:

sábado, 26 de mayo de 2012

La parra de Guerra


Guerra tenía una parra,
y Parra tenía una perra;
pero la perra de Parra,
rompió la parra de Guerra.
Y entonces pasó que Guerra
con la porra dio a la perra.

Oiga usted, compadre Guerra,
¿por qué pega con la porra
a nuestra porruda perra?

Porque si a la perra de Parra
no le diera por romper la
parra de Guerra, Guerra
no hubiera aporreado a la perra
con la porra.

Reivindicación del besugo


Un conocido me critica porque he dado a entender en uno de mis últimos escritos que el besugo es poco sensible.
-  En el programa de radio donde usted trabajaba decía de vez en cuando: “Te veo, besugo, que tienes el ojo claro”.
- Todos los peces tienen el ojo claro, hasta que los pescan, a pesar de que ven bien. Quizás el besugo tenga mejor vista, pero termina él también por caer en la red del pescador, o bambolearse de un lado a otro colgado de un anzuelo.
El besugo es buena gente. Pero en cuestión de sentimentalismo, o sensibilidad, le ganan, por ejemplo, los delfines, que además son encantadores. Claro que los delfines son mamíferos acuáticos que pueblan casi todos los mares del planeta.
Juan Repollés recuerda en su libro La cocina española que el besugo es un pescado de invierno y constituye en España uno de los platos tradicionales de la Navidad. Su cría se conoce en el Norte como pancho, y en Galicia lo llaman olloma. El besugo de Laredo (Santander, norte de España) es más fino que el aligote, como se lo denomina en Cataluña.

El rodaballo tiene más abolengo

El rodaballo, desde luego, es mucho más sensible que el besugo. Y  tiene más abolengo.
Calificado de faisán del mar, fue ya en los tiempos dorados de la antigüedad el pescado favorito de literatos y filósofos. El poeta hispanolatino Marco Valerio (40/104 A. D. C.) lo menciona reiteradamente en su Epigramata y el emperador Domiciano (51/96 A. D. C.), último de los Doce Césares, llegó a convertir su imperial consumo en una cuestión de Estado, dado su elevadísimo precio, que se mantiene hasta nuestros días.
Más tarde, en la Francia napoleónica, el rodaballo tuvo tratamiento de excelencia. También fue objeto del interés del famoso gourmet francés Brillat Savarin (1755/1826), que le dedica todo un capítulo en su Fisiología del Gusto, donde se inclina por su cocción al vapor en un lecho de legumbres y hierbas aromáticas.
El chef, también francés, Alain Chapel lo preparó siempre asado con perejil y napado en champán.
El escritor alemás Günter Grass –premio Nobel de Literatura 1999- le dedicó una novela titulada, precisamente, El rodaballo: “El animal marino escuchó con gran paciencia aquellas disquisiciones, levemente intoxicado por los difíciles oxígenos de la noche”.

El besugo a la donostiarra

Pobre besugo, ahora me arrepiento de haberle atribuído poca sensibilidad, tanto más cuanto que está ligado a los comienzos de mi carrera (ver nota relacionada).
Los vascos preparan muy bien el bishigu, como lo llaman ellos. El crítico de gastronomía Antonio Peña y Goñi nos da la receta del besugo a la donostiarra (1):
Se limpia con mucho esmero el besugo, se espolvorea con sal y se cuelga en un lugar fresco y conveniente. Una hora antes de presentarlo a la mesa se coloca sobre una parrilla, bajo la cual arda un vivo fuego de carbón de encina. Se moja un pincel en aceite crudo y se unta el besugo entero, dándole varias vueltas, hasta que la piel esté bien tostada. Cuando llegue el momento de servirlo, ábrase el pescado y rocíese con aceite muy caliente con ajos y unas gotas de limón.
Un vino blanco, seco, pan fresco y…¡adelante con los faroles, es decir, con el besugo!

(1) De Donostia, San Sebastián, una de las tres provincias vascongadas, al noreste de España, en el límite con Francia.

© José Luis Alvarez Fermosel

Nota relacionada:

jueves, 24 de mayo de 2012

Fascinación


Fascinación significa gran atracción, carisma, deslumbramiento, embrujo, “glamour”, seducción.

Películas:

Love in the afternoon (1957), que se dio en España con el título de Fascinación, precisamente por el vals de ese nombre: el “leit motiv” musical de la película, dirigida por Billy Wilder e interpretada por Audrey Hepburn, Gary Cooper y Maurice Chevalier.
La película se basó en la novela Ariane, de Claude Anet. Jane Morgan cantaba la canción.
Hubo otras dos películas con el título en español de Fascinación: una norteamericana de Brian de Palma, de 1976: Obsession en inglés, con Catherine Bujold y Cliff Robertson y otra argentina, ésta sí titulada Fascinación, de 1949, dirigida por Carlos Schlieper, con Arturo de Córdoba y Elisa Christian Galvé como protagonistas.

Embrujo de Sevilla                              

En España hubo un perfume que se llamaba Embrujo de Sevilla, que no sé si era de la casa Gal. Y es que el embrujo, o la fascinación, o la seducción, que todo es lo mismo, tiene perfume, que a veces persiste y a veces se diluye.
Por eso, cuando a uno le llega la fascinación, tiene que colgarse de ella como de un cable a tierra; y si uno emite fascinación, como las luciérnegas luz, qué fortuna, qué don maravilloso, que no se debe retacear; claro que a veces uno es fascinante y no se da cuenta.
Si uno es tan sensible como un besugo, no sólo no podrá fascinar a nadie, sino que no le llegará la fascinación, aunque ahora que lo pienso un besugo a la espalda bien asado puede llegar a ser fascinante.

© José Luis Alvarez Fermosel