lunes, 20 de agosto de 2007

Aquel Madrid...

No recuerdo de cuál de esas películas que uno ve por televisión, algún domingo por la noche, surgieron las notas de una vieja canción: "Mona Lisa".
La música, como los perfumes, tiene un gran poder evocativo. De ahí que inmediatamente vinieran a mi memoria recuerdos de tiempos pasados, cuando "Mona Lisa" estaba de moda -uno de sus mejores intérpretes fue Nat ‘King’ Cole-. Le pedíamos a Pilar Baños que tocara al piano "Aquellos ojos verdes" -ninguna versión del romántico bolero fue tan buena como la del barítono dominicano Eduardo Brito-. Rosario Villar nos preguntaba, guiñándo un ojo con picardía, que quién era esa chica de los ojos verdes. Y la verdad es que no había –aún...- ninguna chica de ojos verdes en nuestra vida. Luego hubo varias, claro.
Era aquella la época, también, de "Mi loco corazón", de Roberto Inglez, que cantaba Mona Bell, una chilena que se radicó en España en 1957. La "crooner", como se decía entonces, ganó el primer premio de la Segunda Edición del Festival Internacional de la Canción de Benidorm (1) con una melodía muy pegadiza que se puso de moda enseguida: "Un telegrama". Fue el primer éxito de ventas del sello grabador Hispavox.
Conchita Piquer cantaba, con su voz de coñac y puerto, "Tatuaje". Una canción, como dice el escritor español Anacleto Rodríguez Moyano, para escuchar de noche.
"Y llega la noche. Y con la noche se abre un portón de ambiente negro, de pena negra, de borrachera negra, negro de ilusiones negras...".
La Piquer, como se la llamaba antonomásicamente, derrochaba expresividad y desgarro. Interpretaba, más que cantaba, las emociones que sentían los protagonistas de sus canciones. El amor –casi siempre un amor contrariado o imposible-, era el "leit motiv" de sus temas. Recordemos algunos –todos son inolvidables-: "La Parrala", "Romance de la otra" –"la otra, la otra mujer, que no tenía un anillo de oro con una fecha grabada por dentro..."-, "Lola Puñales", "Almudena", "La Lirio", "Dime que me quieres"...
Luego surgió el bayao, o bayón. El titulado "El negro Zumbón" -que venía alegre tocando el tambor- se escuchaba en todas partes y a todas horas.
Yo me extasiaba en la casa de mi compañero de colegio y amigo José Manuel Rodríguez Queipo, que tenía una buena discoteca, escuchando "Abril en Portugal" –entonces se titulaba "Coimbra"-, "Botones de latón" y la "Serenata cubana" de Víctor Herbert. Cerca, en la glorieta de Bilbao, se llenaba el Café Comercial. "La tarde moría en los espejos, soñaba el amor en los divanes...": fragmento de la canción "Tarde de otoño en Platerías", que cantaba Juan García Guirao y fue muy popular en las décadas del 40 y 50.
Era un Madrid castizo de manolas de peinado alto y chulapos de bigote y de bombín del que habla la canción "De rompe y rasga", interpretada por un conjunto muy popular en la década del 50: Los Xey. Un Madrid en el que nos conocíamos todos, como decía Enrique Jardiel Poncela, madrileño a machamartillo, del que no queda más que el recuerdo convertido en polvo de estrellas, y he aquí el título de otra canción.
Un Madrid que, en materia musical, no recibía de Europa y América algo que mereciera la pena. Todavía no se había grabado "Rock around the clock", ni Elvis Presley -de cuya muerte se acaban de cumplir en estos días treinta años- había roto a cantar moviendo las caderas y agarrado a un micrófono como si fuera a bailar con él, ni los Beatles habían salido de aquella taberna de Liverpool.
"Patricia", la canción de fondo de "La dolce vita", se popularizó como esa película de Fellini, que lanzó al estrellato a Marcello Mastroiani. Probablemente, Paul Anka ya se había enamorado de Diana Ayoub, "baby sitter" de su hermana menor.
La España de entonces era la del bolero, la copla y la ranchera, que se emitían por Radio Madrid. Su locutor-animador emblemático era el chileno Bobby Deglané, que tuvo un éxito espectacular con su Cabalgata de Fin de Semana. También era chileno Raúl Matas, que contó la vida de Gardel por radio, con ilustraciones musicales del argentino Carlos Acuña, que cantaba tangos casi como el Morocho del Abasto.
Festivales en plazas de toros. El mulato cubano Antonio Machín y sus "Angelitos negros". El mexicano Jorge Negrete, Jorge Sepúlveda, Bonet de San Pedro y los Siete de Palma.
En 1953 nacía Hispavox, una de las compañías grabadoras clave en el despegue del "pop" español. Ana María González cantaba "con mucho sentimiento" el chotis "Madrid" de Agustín Lara: "Cuando llegues a Madrid, chulona mía, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés...".
Se bebía "gin-fizz" en los bares americanos que empezaban a aparecer en la calle de Serrano, por donde paseaban los "niños bien" los domingos después de la misa de once –misa de once…, como en el tango- a la que habían tenido que ir con sus padres.
Uno iba a los bares Xauen, Roma o al del hotel Palace. De cuando en cuando se acercaba también a Boliche, a jugar a los bolos. Todavía alargaba su existencia, quedándose en el tiempo, la Villa Mouriscot. Resplandecía Chicote en la Gran Vía.
Mucho "blazer" de botones dorados o plateados, corbatas regimentales, abrigos de Loden en invierno. Las chicas vestían polos, faldas escocesas y calzaban mocasines ingleses color corinto. Todos los señores mayores, y algunos jóvenes, se tocaban con sombreros flexibles o borsalinos, por lo general grises.
Se iba con la novia a los cines de estreno de la Gran Vía. Había que ir vestido con traje, camisa y corbata, eso sí. Y en verano, nada de ir en mangas de camisa, ni siquiera con "pescadora" –una prenda mezcla de guayabera y campera-: traje de verano, camisa y corbata.
Hablando de camisas y corbatas, nos mandábamos hacer las camisas a medida en Butler y comprábamos las corbatas en Burgos o Samaral. Los bombones, el marrón glacé y las trufas de chocolate tenían que ser de La Mahonesa. De aquellos tiempos sólo subsisten Lhardy, La Suiza y unas pocas tiendas y pastelerías más, entre ellas La Mallorquina, donde un merengue cuesta un euro.
Quedaba algo del romanticismo que le impulsó a Mariano José de Larra a suicidarse por amor, de un tiro en la cabeza, a los 27 años. En el Museo Romántico descansan en una vitrina, sobre un paño escarlata, sus pistolas. Qué poco impresionan. Parecen juguetes, en comparación con las sofisticadas armas de fuego de puño de hoy en día. Pero con una de aquellas vació su cerebro de bellas palabras para siempre un gran escritor y, quizás, el mejor crítico costumbrista del siglo XIX.
El marqués de Molins dio cumplida noticia del suicidio de Larra en el periódico "El Español".
"El lunes, 15 de febrero de 1837, a las nueve menos cuarto de la noche, don Mariano José de Larra se disparó un tiro en la cabeza, apoyándose el cañón de una pistola entre la oreja y la sien derecha, y le salió la bala por encima de la sien izquierda, la cual bala atravesó una puerta vidriera y se clavó en la pared".
En pleno corazón de Madrid de los Austrias hay ahora "pubs" en los se bebe cerveza Guinness. Madrid ha crecido mucho en los últimos tiempos. En la Villa del Oso y del Madroño coexisten muchas cosas antiguas y otras modernas, unas y otras de indudable valor.


(1) Ciudad balnearia situada en el Levante español a la que iban a veranear los madrileños de clase media. La extraordinaria labor de su alcalde, Pedro Zaragoza, la convirtió en un centro turístico de primerísima línea en el que se realizaban varios festivales. Actualmente, todavía más embellecida y modernizada, tiene incluso rascacielos más altos que los de Madrid.


© José Luis Alvarez Fermosel

9 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Joder, tío! Que con el novio cajista de imprentas y la luna cascabelera de ojos azules me ablandas el correoso corazón...
¿Y tu voz en la radio, para cuándo?

Tomás, de Nuñez.

Trini dijo...

He estado disfrutando de la lectura, rememorando algunas coplas y admirando él poder de tu memoria. Creo que no te has dejado nada atrás, has fotografíado con tus palabras una época entera. Me gusta la copla, pero no conocía "Rosita de Madrid" o, si la he oído alguna vez, la habré olvidado. Gracias por este paseo por Madrid

Un abrazo

Anónimo dijo...

¡Bienvenido a la cibernética, Caballero!¡qué suerte poder tenerlo en línea! Soy de mar del Plata y gran admirador suyo. Juan Carlos. Mar del Plata

Anónimo dijo...

Juan Carlos:Gracias por tu mensaje y un abrazo. Saludos a Mar del Plata, una ciudad que me encanta.

Anónimo dijo...

Gracias, Trini, por tu generoso comentario que estimo en lo mucho que vale. Algún día, de alguna manera, me las arreglaré para hacerte llegar el chotis Rosa de Madrid. Cariño. José Luis.

Anónimo dijo...

Hola!! Soy Ara..me encanta tu blog..todo lo que cuentas es tan interesante,ameno y con un gran sentido del humor ...La foto de Doisneau es bellisima ( ya la habia visto antes).A que te dedicas ahora caballero??
Besos y hasta pronto!!

Caballero Español dijo...

Muchas gracias por tu cordial y generoso comentario. Trataré no sólo de seguir así, sino de mejorar. Cariños.

Anónimo dijo...

Que alegría Fermosel. Cuando estabas en la radio no tenía internet para escucharte desde Madrid. Ahora se te puede leer on-line. Seguro que tus oyentes echaban de menos tus historias.
Quien se encontraba todas las semanas con una colgada en la nevera, puede asegurar que no tienen desperdicio. (Aunque creyeras que no las leíamos)
Estaba bueno escucharte, pero leerte... es un placer. Sos tan Fermosel!! Digno hijo de tu madre.
Los que tuvimos la suerte de crecer a tu lado, sabemos que sos de una especie en extinción, así que por favor, danos más, todo lo que puedas para que podamos seguir disfrutando de tu pluma toda la eternidad.
Te quiere.
Flor de Té.

Caballero Español dijo...

Flor de té:"Tout casse, tout passe,
tout lasse..." (Todo quiebra, todo pasa, todo cansa...)No es verdad. No se quiebra todo:algunas cosas -y
alguna gente- resisten fuertes embates sin quebrarse.¿Todo pasa?
Queda mucho,incluso el recuerdo de
recortes de diario -¡nada hay tan viejo como un diario de ayer!-.
Tampoco es cierto que todo canse.De
lo contrario,el viejo escribidor no
recibiría comentarios tan bellos
como el tuyo,a quien seguiré dándole qué leer hasta que la pluma
al viento -como en aquella ópera-se
rompa y entonces haya que volver a leer diarios de ayer...