lunes, 5 de mayo de 2014

Pisto y pólvora



Durante el (nefasto) reinado de Fernando VII (1784–1833), España sufrió una de las peores hambrunas de su historia.
Los madrileños se sublevaron contra la carestía y el consiguiente racionamiento, impuesto por ley, y se echaron un día a las calles céntricas, en multitudinaria y ruidosa protesta
Dispersados por la fuerza pública, los manifestantes regresaron a sus casas con las cabezas bajas y los estómagos vacíos.
Al día siguiente todo Madrid apareció empapelado por un bando que firmaba el Rey –que estaba a régimen por problemas de salud-, en el que se leía:

Que se estén a lo previsto
y se atengan a la  ley,
y que sólo coman pisto,
como lo como yo, el Rey.

No se le podía negar sentido del humor (negro) y cierta soltura para la versificación a Fernando VII, el peor soberano que tuvo España, cuyo reinado desembocó en una guerra contra las fuerzas de Napoleón, que habían invadido la Península con la intención de adueñársela y sentar en su trono al hermano de Napoleón, José Bonaparte, a quien los madrileños colgaron enseguida el remoquete de “Pepe Botella”.
Las tropas españolas, al mando del general Francisco Javier Castaños, ganaron a los franceses la primera batalla campal en Bailén (Jaén, Andalucía, Sur de España). El general François J. Dupont comandaba la hueste enemiga.
Dupont dijo a Castaños al rendirse: “Tomad esta espada vencedora en cien batallas”.  Castaños respondió al recibirla: “Pues, señor, ésta es la primera que yo gano”.
El militar argentino José de San Martín, que revistaba entonces en el ejército español, combatió por España como ayudante de campo del marqués de Coligny. San Martín recibió, como todos los combatientes españoles de Bailén, la Medalla de la Distinción de Bailén, instituída por decreto de la Junta Suprema de Sevilla, el 11 de agosto de 1808. 
Más tarde, San Martín se convirtió en líder de la independencia de Argentina, Chile y Perú.

El pisto manchego

El pisto, llamado manchego porque procede de La Mancha (Castilla), en el centro de la Península, la tierra de El Quijote, tiene muchas variantes regionales.  La receta que sigue es la básica.

Ingredientes:

3 ó 4 calabacines (desechando la parte central con semillas) cortados en bastones de 1 cm.
2 ó 3 berenjenas cortadas en bastones o cuadraditos (desechando la parte de las semillas)
3 pimientos rojos cortados en tiras o pequeños cuadrados
3 pimientos verdes (idem anterior)
2 cebollas cortadas en pluma (a lo largo)
2 ó 3 dientes de ajo (aplastados, picados o cortados en láminas)
2 ó 3 tomates cubeteados
1 pocillo de los de café de caldo
Pimentón picante, o dulce, a gusto
1/2 ó 1 cucharadita de azúcar 
Sal
Aceite (sólo para fritar y de oliva, si se desea)

Preparación:

En una cacerola amplia sofreir en aceite las cebollas y los ajos. Siempre a fuego medio/alto, apenas translúcidas las cebollas, ir echando los ingredientes de a uno para que se vayan haciendo según el tiempo de cocción que demore cada uno. Lo ideal es echar primero los calabacines y las berenjenas. Ir mezclando para que no se peguen en el fondo de la cazuela. Después que la pulpa de estos vegetales se haya tiernizado apenas, incorporarles los pimientos. (Si al mezclar se observa que los ingredientes están casi secos, poner un poco más de aceite.) Mezclar muy bien y añadir los tomates, el pimentón, el azúcar y el caldo. Salar. Integrar todo y dejar cocinar hasta que el líquido casi se consuma pero sin que se pegue la preparación al fondo de la olla. Cuidar que los ingredientes queden “al dente”.

Nota: Muchas veces este plato se sirve con huevos fritos encima.

© José Luis Alvarez Fermosel

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