jueves, 7 de mayo de 2015

Bita de amarre



Sentado en la bita de amarre, si uno mira hacia abajo apenas divisa una franja del agua del puerto, sucia, oleaginosa, de color verde gris; y uno no deja de pensar que en la maniobra de atraque de una embarcación, cuando apenas queda una rendija entre la banda y lo que podría llamarse tierra firme, un mal paso, por así decirlo, puede hacer que un hombre se sumerja de golpe y porrazo en esa especie de magma.
Unos de los peligros de la navegación por mar de los que nadie, o casi nadie habla. Pequeñas causas y grandes efectos, digámoslo una vez más.
Esto es un apunte traído al paso; una pincelada, también, de color jade turbio y negra brea, que recién trazada está secando la Brise Marine de Mallarmé.

© José Luis Alvarez Fermosel