martes, 26 de mayo de 2015

Poesía menor



Hay por todas partes gente conocida que habla en verso. Gente simpática, de cierto ingenio. Suele frecuentar teatros, cafés, diarios, revistas y otros lugares donde pululan periodistas y gente que cuenta chistes, y los chistes se quedan por  ahí  rodando de boca en boca.
Recuerdo a un empleado de un teatro de Madrid que era una especie de comodín, un hombre muy agradable y muy eficiente que se ocupaba de todo y resolvía cualquier problema que se planteara diciéndolo todo en verso. 
Una vez el director, también en verso, le dijo que quería verle.

Oye, Riera -te dice el director, también en verso-,
que cuando termine la función,
que subas a la dirección,
que en la dirección te espera”.

De chicos repetíamos esta cantinela deliciosamente surrealista, que todavía recuerdo:

“Pinto, pinto, gorgorito,
saca las vacas a veinticinco.
¿En qué lugar?
En Portugal.
¿En qué calleja?
En Moraleja, esconde la mano que viene la vieja”.

Aquel otro decía:

“Eres joven y eres rica;
¿qué más quieres, Federica?”.

Y Ramón Miarnau Roca lo mejoraba sensiblemente recitando:

“Eres joven, eres guapo
y con dinero.
¿Qué más quieres, Baldomero?
Ser más joven, ser más guapo,
ser más rico
y llamarme Federico”.

Hay una copla vasca rotunda a más no poder:

“Viva la gente de trueno,
 viva la gente torera,
 viva todo aquel que dice:
¡Salga el sol por donde quiera!”.

Indudablemente, los peores versos de la lengua española son éstos:

“Eres en virtudes rico,
siendo de Luzbel espanto:
¡Federico Tedeschini,
arzobispo de Lepanto!”.     
                                                                                                            
No se sabe, o por lo menos yo no sé quién fue el autor.

Federico Tedeschini era Sustituto de la Secretaría del Estado Vaticano cuando Benedicto XV, en las postrimerías de su pontificado, lo destinó a la Nunciatura de Madrid el 13 de marzo de 1921 para sustituir al Nuncio Apostólico Francisco Ragonesi, que había estado en España desde 1913.

© José Luis Alvarez Fermosel