martes, 25 de mayo de 2010

"Traders"

No tengo nada contra los millonarios, ni contra los ricos. Yo mismo hubiera podido ser rico, de no haber tenido una ilimitada capacidad de gastos. Todavía no he perdido las esperanzas de serlo.
Quienes no me gustan son los especuladores, los que hacen negocios sucios, los estafadores y otras gentes de la misma ralea, que muchas veces en connivencia con ciertas corporaciones, bancos, bolsas, etc., son las que generan las crisis económico-financieras que están ahora a la orden del día en una buena parte del mundo.
La gente de dinero, los que lo tuvieron toda su vida, los herederos de grandes fortunas que no sólo las cuidaron, sino que las incrementaron trabajando con inteligencia y tesón, y crearon empresas, y se preocuparon de mantenerlas saneadas, y dieron trabajo a muchas personas: esa gente merece mi admiración, mi respeto y mi gratitud, expresada en nombre de quienes fueron beneficiarios de su generosidad.
Porque, otra cosa, esos millonarios suelen practicar la filantropía y el mecenazgo. Ahí tenemos, sin ir más lejos, al bueno de Bill Gates.
También me agradan los “self made men”, los hombres que se hacen a sí mismos, como muchos millonarios estadounidenses y de otras nacionalidades que vendieron periódicos en su infancia, o ballenitas para los cuellos de las camisas en las calles, como Onassis, y como Onassi se hicieron multimillonarios.
El único reparo que me atrevería yo a hacer al respecto se basa en el hecho de que esos hombres admirables, como se han hecho a sí mismos, sin la ayuda de familiares, maestros y otros mentores, no terminan de hacerse del todo, o de hacerse bien, algo se queda en el camino y en no pocas oportunidades esa carencia dio origen a resentimientos, avaricia o, en el mejor de los casos, nuevo riquismo, con su pesada carga de grasitud y esnobismo.
Pero los que a mí verdaderamente me dan cien patadas en el hígado son los tipos como Jérôme Kerviel, ex “trader” (operador) de Société Genérale, que le hizo un agujero de 4.900 millones de euros a esa entidad crediticia francesa.
Kerviel, acusado de falsificación, introducción de datos fraudulentos y abuso de confianza, enfrentará próximamente al Tribunal Correccional de París por haber cometido delitos contemplados en el Código Penal que pueden llevarle a la cárcel por cinco años. Es posible que en vez de indemnizarle, como suele hacerse en estos casos, le impongan una multa de 375.000 euros.
Jérôme Kerviel causó la mayor pérdida imputable a un solo corredor en la historia de las finanzas de los últimos años en todo el mundo. Es sospechoso de haber emprendido acciones no autorizadas en los mercados financieros por 50.000 millones de euros.
¡Menos mal que se le ha frenado a tiempo, porque el angelito tiene sólo 33 años! ¡Sabe Dios lo que hubiera sido capaz de hacer, libre y dedicado a sus tareas habituales, durante otros 33 años!
Kerviel trabaja ahora para una empresa informática de las afueras de París. ¡Cuidado, internautas! Autocalificado de “chivo expiatorio”, es autor de un libro en el que sostiene que el sistema financiero actual se ha vuelto loco. Aspira a que su libro suscite en la opinión pública preguntas acerca de la realidad de las actividades bancarias actuales.
Un famoso abogado penalista francés, Jean Veil –defensor del tirano y traficante de drogas panameño Manuel Noriega- ha asumido la defensa de Jérôme Kerviel.
Veil asegura que los documentos que falsificó su patrocinado fueron adulterados con el beneplácito de la dirección del banco, lo cual da para pensar que esos directivos podrían haber dejado que se fuera su dinero por el agujero de Kerviel, y cuando no les quedara más, declararse en quiebra.
Que quede claro que nosotros sólo criticamos a personajes como Kerviel, y no al que tiene dinero y hace buen uso de él, aunque más no sea que gastándoselo alegremente, como he hecho yo toda mi vida. Tampoco todos los bancos se asocian con camanduleros como Kerviel.
Una observación final: todos los sinvergüenzas tienen suerte, así que ya verán cómo el libro de Kerviel se convierte en un “best seller” y su autor aumenta espectacularmente, y en un tiempo récord, su patrimonio mal habido.

© José Luis Alvarez Fermosel

2 comentarios:

Raúl dijo...

Estimado José Luis: ¡Es un geniooo! Me parece bárbaro hacer que la gente recuerde estos hechos. Por cierto, vengo hace muy poco de su tierra. Con crisis y todo, los sitios de tapas están llenos. Si no lo hubiera escuchado siempre por radio y leído el blog (¡siempre!) no hubiera entendido este fenómeno. ¡que nos quiten lo "bailao"! Además, nací aquí en Argentina y mi tonada porteña es tremenda y debo decirle que tus compatriotas me trataron de no creer. ¡Viva España! Gracias, Caballero Español y disculpe la lata. Raúl.

Caballero Español dijo...

Así es la vida y así son las crisis, Raúl. En nuestro caso -en el de España- pues las crisis con tapas son otra cosa, un poco más divertida. Con respecto a la tonada, no te preocupes: a mí, en Madrid, me llaman porteño, o creen que soy de Buenos Aires y aquí dicen que sigo teniendo el mismo acento español que cuando vine. Gracias por escribir y un abrazo.