sábado, 9 de enero de 2010

Epica y ética

Otro hombre bueno, otro viejo y querido amigo emprendió su última singladura, apenas empezado un nuevo año.
Radamés Marini, abogado, licenciado en diplomacia, asesor de relevantes autoridades parlamentarias, periodista, editor de revistas, autor de libros -digámoslo de una vez, escritor-, sabía de singladuras y hasta tuvo una vez un barco. En otros tiempos se le hubiera hecho un funeral de vikingo.
Su fuerza moral, su valor físico y su acrisolado sentido de la ética corrieron parejos con una épica que le llevó a defender sus ideales a fuerza de puños, cuando fue necesario.
Esas y otras virtudes del intelecto y el espíritu configuraron una persona y un personaje singular que siempre estuvo rodeado de amigos.
Ellos recuerdan en estas horas amargas de su paso al más allá que hizo un culto del honor y la dignidad. Y ya empiezan a lamentar su ausencia, que se hará notoria en una peña que presidía todos los miércoles en un céntrico restaurante de Buenos Aires.
Estuvo al lado de los más débiles –fue durante muchos años presidente de la Unión Argentina de Inquilinos- y lejos de bastardías, prebendas y chanchullos.
Baltasar de Castiglione, que escribió de cortes y cortesanos, se hubiera honrado con su amistad, de vivir en estos tiempos posmodernos que corren, caracterizados, en las palabras del lúcido polígrafo Albino Gómez, por la ambigüedad, el miedo, la mutabilidad, la incertidumbre y el relativismo moral.
Radamés Marini ya forma “(…) junto a sus compañeros, que hacen guardia sobre los luceros”.

© José Luis Alvarez Fermosel

jueves, 7 de enero de 2010

El interés por lo externo

Los falsos intelectuales de gafas cuadradas con marco negro de Martín Nahara dicen de un colega y amigo mío, con intención de crítica, que se interesa mucho por todo lo externo, desde el rugby hasta el cine.
¡Pues, hombre, eso no está mal! Lo externo es el rugby, cierto es, y el cine, pero también el mar, con hermosas mujeres en “top less” en la arena de la playa y la vela de un balandro a lo lejos.
Los jardines, las plazas –con árboles, fuentes, novios, perros, pájaros-, el cielo, el sol, la luna, las estrellas, las flores…
Los teatros, los museos…, ¡los bares! están en la calle.
La risa sale de dentro, pero cascabelea fuera, lo mismo que la libido, que hace su catársis en el exterior.
“Es peligroso asomarse al exterior”, decía un cartel en los trenes de España, hace muchos años. Enrique Jardiel Poncela, el eslabón perdido y hallado entre la gruesa gracia española y el sutil humor, a veces esotérico, de Europa, escribió una deliciosa comedia con ese título.
Quizás sea malo asomarse a un precipicio, o a un mar embravecido desde un promontorio; abrir la puerta de una determinada habitación en un determinado momento, mirar desde la ventana sin baranda de un piso muy alto a la calle: un estrecho hormiguero de macadám; más peligroso aún es asomarse a un escote, sobre todo si está bien provisto.
Vivir, estar siempre dentro, encerrarse, reconcentrarse, aunque sea en el fondo de un poderoso cerebro capaz de crear cosas magníficas desde la introspección, y sacarlas a la luz de dentro para fuera, está muy bien.
¿Lo de fuera, lo externo, no tiene ningún valor, o tiene poco? ¿La descripción es un recurso? ¿Hay que ir por la vida con anteojeras, como las mulas?.
De otro compañero y compatriota mío, Alfonso Sánchez, que trabajaba en el tabloide vespertino “Informaciones” de Madrid dijeron que se interesaba por todo lo exterior, del teatro a las corridas de toros.
Llevaba una sección en la revista de humor “La Codorniz” que se titulaba “Nada con sifón”. La firmaba Chistera.
Otro excelente cultor del artículo, también español, Francisco Umbral decía que era imposible escribir nada tan primoroso sobre la pura nada, una nada de arabesco, mundanismo y gracia. Una nada plateresca.
Las depresiones endógenas son terribles.


© José Luis Alvarez Fermosel

martes, 5 de enero de 2010

Lloran las "nenas" de Sandro

La muerte del cantante y autor argentino Roberto Sánchez, Sandro, ha movilizado a grandes cantidades de gente en Argentina, y en particular en Buenos Aires.
Los habitantes de este país tan particular no son propensos a lanzarse a las calles en apoyo u homenaje de cualquiera que no sea un político, un gremialista o alguien a quien exigirle reivindicaciones laborales o sociales.
Tanto más mérito tiene esa presencia suya en las calles, en masiva manifestación de duelo por la desaparición de un artista.
Sandro merecía el fervor con que se velan sus restos –en el momento de escribir- en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación. No ya por sus condiciones de cantante y compositor, sino por su bondad, su simpatía, su sencillez y el culto que hacía de la mujer, que le llevó a acumular infinidad de admiradoras, la mayoría mujeres maduras y de avanzada edad a quienes él llamaba, cariñosamente, no irónicamente, “mis nenas”.
Sandro murió a los 64 años, a las 20,40 (hora argentina) del 4 de enero, en el Hospital Italiano de la capital de la provincia andina de Mendoza -a 1037 kilómetros al oeste de Buenos Aires-, por graves complicaciones post operatorias y una septicemia, a 45 días de habérsele trasplantado un corazón y unos pulmones que sustituyeron a los suyos, gravemente enfermos por un intenso y prolongado tabaquismo.
Toda la prensa del mundo, no ya de Suramérica publica y comenta la noticia de su muerte. El diario “El País” de Uruguay dijo que “miles de ‘fans´aguardan en el Parlamento argentino para despedir a Sandro”. “El Mundo” de Madrid señaló que murió uno de los mejores cantantes de América Latina. La BBC inglesa dijo textualmente: “Singer Sandro, the Argentine Elvis (Presley), dies at 64”. (El cantante Sandro, el Elvis Presley argentino, muere a los 64 años.) En iguales términos se expresó el estadounidense “The Washington Post”.
Los medios reseñaron sus virtudes profesionales, pero todavía más las humanas.
Es que Sandro era un buen hombre y los hombres buenos no abundan; lo que es peor, escasean cada vez más. En él se dio esa conjunción, muy rara, de gran artista y gran ser humano.
El enorme impacto que ha causado su desaparición física- siempre quedarán sus canciones y su recuerdo- mueve a una reflexión elemental, insinuada al principio, pero que refleja una realidad como un templo.
Ni los políticos -ellos menos que nadie-, ni los categorizados por ellos mismos como intelectuales, ni los filósofos que no lo son, ni los conductores de masas, ni los predicadores –cada vez más declinantes-, ni los (falsos) profetas, ni los líderes pacifistas o ecologistas convocan hoy por hoy, ni vivos ni muertos, a multitudes enfervorizadas que abarroten las calles.
Los artistas populares que se destacaron por su talento, sus buenas obras, su integridad, su modestia y, por si todo esto fuera poco, supieron enlazarse con el público con un sutil y resistente hilo conductor, tocaron el corazón del pueblo y lo movilizaron cuando desaparecieron. Sandro no fue una excepción.
Roberto Sánchez murió con la conciencia limpia, sin haber recibido prebendas, ni haberse vendido al mejor postor, ni haberse uncido al carro de los poderosos, ni haber servido a intereses espúrios.
Sobreviven, por desgracia, muchos, muchísimos prevaricadores, ventajistas, logreros, explotadores, amigos de lo ajeno, manipuladores, corruptos, chantajistas y demás gente de mal vivir.
“La vida sigue igual…”, cantaba Sandro.
Descanse en paz.

© José Luis Alvarez Fermosel

lunes, 4 de enero de 2010

Ortografía, virreyes y opciones: con V o con B

“La ortografía también es gente”, escribió Fernando Pessoa, recuerda María Elena Walsh en su libro “Diario brujo”, en el que afirma que el desmadre lingüístico, que como la indigencia idiomática es resultado del desbarajuste educativo, procede de gente relativamente educada.

Notas relacionadas:

La ortografía del Virrey Cevallos
http://weblogs.clarin.com/revistaenie-nerdsallstar/archives/2009/12/la_ortografia_del_virrey_cevallos.html#more

Confesiones de un taxistaA la caza de curiosidades porteñas

Por Carlos Guarella

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lanacion.com Información general Lunes 4 de enero de 2010

sábado, 2 de enero de 2010

Freedom and self-esteem

For me it doesn’t matter whether you blame everything on the Jews, the homosexuals, the masculine sex, the Masons, the Jesuits, the parasites of the welfare state, the "élite" in power, the feminine sex, the vegetarians or the Communist party. From the instant that you need to blame someone, you simply don't have the brain prepared to work efficiently to solve your problems.
© Robert Anton Wilson (1)

Traducción:

Libertad y autoestima

No me importa que le culpes de todo a los judíos, a los homosexuales, al sexo masculino, a los masones, a los jesuitas, a los parásitos de la sociedad de consumo, a los que se encaramaron en el poder, al sexo femenino, a los vegetarianos o al Partido Comunista. Si necesitas echarle la culpa a otro es, lisa y llanamente, que tu cerebro no está capacitado para resolver tus problemas.


(1) Escritor estadounidense (1932-2007). Autor, entre otras obras de “Saga de los Illuminati”: un libro de características fantásticas y tono humorístico acerca de las conspiraciones de las sociedades secretas que, quizás, sea su trabajo más conocido.

El hipopótamo y la tortuga

Los hipopótamos han salido varias veces en los medios informativos, lo que no han podido conseguir tantos pavos reales.
Hace algún tiempo se vio por televisión un documental en el que un hipopótamo trataba de salvar a una gacela, herida de muer­te por las dentelladas de un cocodrilo, de cuyas fauces pudo escapar milagrosamente.
El enorme y cachazudo animalote -cuyo nombre significa caballo de río-, salió de las mismas aguas donde estaba el cocodri­lo que apresó en la orilla a la gacela. Esta pudo zafarse del golpe de gracia del saurio y caer unos pasos más allá. El hipopótamo la empujaba con el ho­cico y le daba grandes lametazos, tra­tando de reanimarla. Pero, al fin, la po­bre gacela murió y el hipopótamo, visiblemente entristecido, volvió a meter­se en el rio.
Un hipopótamo –cachorro, esta vez- ha vuelto a ser noticia, ahora en compañía de una tortuga de cien años. El gran escritor peruano –nacionalizado español y residente en Londres-, Mario Vargas Llosa cuenta hoy en la nota relacionada del diario argentino La Nación la deliciosa historia del hipopótamo y la tortuga.


© J. L. A. F.
Nota relacionada:

Un hipopótamo que adopta a una tortuga como madre, y pueden convivirLa pareja del año

Mario Vargas Llosa

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lanacion.com Opinión S?do 2 de enero de 2010


viernes, 1 de enero de 2010