
Yo iba sumido en mis pensamientos. En un momento dado me pareció escuchar un coro de niños que cantaba una canción navideña. De pronto, me encontré con algo en la mano: una estampita, la misma que ilustra estas líneas. Alguien, quizás uno de los niños del coro me la había dado y yo la tomé sin darme cuenta.
Una estampa de Cáritas, una organización que respeto y admiro. Al dorso, la estampita dice lo siguiente:
“Vengan, benditos de mi Padre y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; preso y me vinieron a ver… Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.” Evangelio de San Mateo 25, 34-40.
© José Luis Alvarez Fermosel
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