jueves, 22 de agosto de 2013

Malas maneras



Tiene razón Nicolás Artusi. Lean la nota que sigue.
Yo dejé de ir al gimnasio de un gran hotel del microcentro de Buenos Aires porque el lugar dedicado a cambiarse y ducharse se convertía en un chiquero, después de que caballeros de media edad, impecablemente vestidos con trajes caros, con relojes aún más caros y zapatos relucientes camparan por sus respetos sin ningún respeto por los demás, ni siquiera por ellos, hablando a gritos por sus teléfonos móviles con sus amantes –se notaba que eran sus amantes por lo que decían, groseramente, y escuchaba todo el mundo-.
Perchas tiradas por el suelo encharcado, toallas usadas por todas partes. En las duchas, ronquidos, expectoraciones, gargajeos –no gorjeos-, rugidos…
Todo tanto más chocante cuanto que el hotel ofrecía instalaciones no ya cómodas, sino elegantes, que incluían “amenities” y batas de toalla que nadie usaba.
Hay que guardar las buenas formas y las normas elementales de convivencia en todas partes, no sólo en las catas de vinos ni en los cócteles de lanzamiento de nuevos modelos de automóviles de alta gama.

© José Luis Alvarez Fermosel

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