miércoles, 19 de septiembre de 2012

La crítica al cubo



El director de cine Fernando Trueba, probablemente enfadado por algún comentario que le hizo el crítico Diego Galán y no le gustó, le arrojó un cubo de agua en San Sebastián, en las provincias vascongadas, al norte de España.
El profesor de ética, pensador, ensayista y polemista Fernando Savater, amigo de Trueba y de Galán y sabedor del incidente, escribió acerca de él un artículo titulado “La crítica al cubo” que incluyó en su compilación de ensayos “Saber vivir”, editada por Ariel.
Reproduzco partes de un párrafo que no tiene desperdicio; y lo hago con tanto más agrado cuanto que a mí tampoco me gustan las bromas pesadas. 

Los más benévolos consideran que tirar un cubo de agua a un señor es una broma de mal gusto. Confieso que a mí todas las bromas me parecen de mal gusto. Detesto las inocentadas, las novatadas de cuar­tel o colegio mayor, las estúpidas gracias del chistoso que se divierte con el desconcierto o el azoro del prójimo (…) La vida ya es lo suficientemente imbécil de por sí como para que enci­ma un pelma se dedique a imitar a Dios y juegue a tomarle a uno el pelo. Hago constar esta disposición de mi ánimo para que se vea que no es por el lado de la posible jocosidad del asunto por el que voy a defender la agresiva mojadura. Pero hay que recono­cer que en cuanto ataque físico al vecino, el cubazo de agua es de los más suaves. ¡Ojalá sustituyera al resto de las armas que por el mundo corren! Si se generalizase el chapuzón como herramienta de combate, las costumbres bélicas de los humanos se alivia­rían notablemente. ¡Ahí es nada, sustituir la lucha por la ducha! Imagínense, por ejemplo, en qué colo­sales baños, pero no de sangre, se resolverían los bombardeos (…) ¿Y qué me cuentan ustedes de los atentados? Figúrense que un día le­yesen la siguiente noticia en primera plana: “El ge­neral Perengánez sufre un vil atentado. Al salir de su despacho en el Alto Estado Mayor, el general Pe­rengánez fue asaltado por un comando terrorista; uno de los agresores, convenientemente encapuchado, le vació un sifón en las mismísimas condecoraciones, mientras un cómplice le soplaba con alevosía un ma­tasuegras a la oreja. El ilustre soldado se encuentra ya afortunadamente repuesto y con la muda limpia, pero ha hecho público que a partir de ahora tomará el vermut siempre seco. La paternidad del crimen la han reclamado, por un lado, los guerrilleros de la Doble A (Aguafiestas Antimilitaristas) y por otro los terroristas de ETA (Enfriamiento Total Arbitrario)”. Pienso que así comenzará algún día el auténtico mun­do feliz.

© Por la transcripción: J. L. A. F.

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