
Allí observó que no había pantalón que aguantara, con el uso que le daban los mineros. Y tuvo la feliz ocurrencia de pedir a sus parientes que le mandaran al Oeste la tela más gruesa que hubiera -lienzo para velas de barco-, con la que empezó a fabricar los pantalones que pronto se harían famosos en el mundo entero y que todavía hoy llevan su marca.
Era una prenda de trabajo ideal para ser sometida al durísimo trato que le daban a la ropa los hombres de los campamentos mineros. Azul, con las costuras de hilo amarillo y con remaches de cobre. Así era, y así es el pantalón tejano: el "jean" que hizo millonario al señor Strauss y desde 1870, cuando se usaba en todo el Far West hasta hoy, sigue cubriendo nuestras piernas.
© José Luis Alvarez Fermosel
No hay comentarios:
Publicar un comentario