jueves, 25 de septiembre de 2008

¿Un purito, señora?

Mientras sigue desarrollándose una campaña mundial contra el tabaquismo o “peste azul” resurge, paradójicamente, el acto de fumar habanos como una reafirmación de un placer que nunca se extinguió y del que disfrutan ahora señoras que hacen los honores de ordenanza a los “tabacos”, como se denomina a los puros en el Caribe.
No ya Cuba, sino la República Dominicana, Honduras y otros países latinoamericanos producen cigarros parecidos a los que fumaron conspicuas personalidades de todo el mundo, desde el corsario Walter Raleigh -ennoblecido por la Corona Británica- hasta Sara Montiel, pasando por Winston Churchill, Groucho Marx y Anthony Burgess.
Un cuplé que cantaba Miguel de Molina comenzaba diciendo: “M’an disho que a las hijas de don Paco les ha dao por el tabaco”. Vaya uno a saber quién era don Paco y por qué sus hijas se habían lanzado a fumar. Que las mujeres fumaran en la agridulce España de los años 40 era muy fuerte, como se dice ahora.
Hace ya mucho tiempo que las hijas de Eva fuman. Lo hacen ahora, cuando los hombres no fuman, con toda libertad y hasta con un cierto desenfado que consideran elegante. ¡Vamos, si hasta fuman habanos, como todo el mundo sabe! En realidad, los han fumado toda la vida y no sólo en los “locos años 20”, como creen algunos.
Las pertenecientes a la buena sociedad llevan accesorios tales como boquilla, estuches de cuero de Rusia para guardar los puros, corta-habanos de metales nobles, encendedores de marca, también de oro o plata y, en general, toda la parafernalia de antaño que se desplegaba en las películas en blanco y negro, en las que todos fumaban como carreteros, mujeres y hombres.
Entre paréntesis, el que fumaba de manera tal que a uno le entraban unas ganas tremendas de salir a fumar un pitillo al vestíbulo del cine, perdiéndose parte de la película –aunque fuera “Casablanca”-, era Humphrey Bogart, que sostenía el cigarrillo, cuando no lo dejaba colgando de una comisura de la boca, entre los dedos índice y pulgar de la mano izquierda.
Paul Henreid prendía el suyo y el de Bette Davis a la vez y luego le daba a ella el otro encendido. La película se llamaba “La extraña pasajera”. (¡Cuánto tiempo ha pasado, Dios mío!. ¡Y cuánto han cambiado las costumbres, los modos y los modales!).
Ahora se fuma poco o nada en las películas. Sólo algunas como “Smoke” y “Swingers” redimen un placer que le llevó a Walter Raleigh a decir: “Una pitada es la lumbre que perdura, que siempre puede arder en la boca y evita que uno se sienta Prometeo, al no tener ganas de robar ningún fuego, y menos el sagrado.”
Según el periodista español Juan Cavestany, fumar puros como hábito pituco data de poco más de un lustro. Este resurgimiento se ha dado en los Estados Unidos, donde consumir habanos se ha hecho ya tan común como hablar español o, por lo menos, "Spanglish".
En España, precisamente, los hombres fuman habanos, y no sólo en las corridas de toros y en los partidos de fútbol. Las mujeres también. Es habitual ver en diarios, revistas y la televisión a Sara Montiel con un puro en la boca. Las ventas de cigarros aumentaron en la Península Ibérica un seis por ciento en 2006, según Tabacalera Española.
Una colega mía que se llamaba Margarita Landi y hacía policiales fumaba en pipa. Yo trabajaba entonces en la redacción central de la agencia EFE en Madrid y fumaba cigarrillos de tabaco negro emboquillados a todo pasto.
Algunos actores norteamericanos aparecen con frecuencia en dos revistas que sólo tratan temas relacionados con los habanos. Las efigies de Demi Moore, Jack Nicholson y Danny de Vito campean en las primeras planas de “Cigar Aficionado” y “Smoke”.
La primera de esas publicaciones, que sale cada tres meses, está dirigida por el excéntrico millonario Marvin Shanken, quien compró recientemente un humidificador de puros perteneciente a John F. Kennedy en la famosa casa de subastas Sotheby’s.
“Cigar Aficionados”, en cuyas páginas satinadas se anuncian joyas, relojes, artículos de fumador –como es natural- y otras fruslerías, algunas de las cuales cuestan 25.000 dólares, asegura que Norteamérica importó casi 300 millones de puros de la República Dominicana, Honduras, Costa Rica y Nicaragua en 2005.
En los bares elegantes del centro de Washington puede verse a partir de la caída de la tarde una clientela heterogénea y distinguida compuesta por congresistas, financieros, publicistas, agentes de la CIA y periodistas del “Post” –entre los cuales Maritza Gueler- bebiendo cerveza negra, martinis secos o whisky escocés y fumando habanos en amor y compañía. En un lugar acotado, naturalmente. Aprovechan para secretear.
Otro periodista español, Xavier Domingo, que era un gran “gourmet”, tuvo su momento de gloria en Nueva York. Fue a comer a un restaurante de la Quinta Avenida y, después de los postres, cuando le iban a traer el café, sacó un puro del bolsillo y se dispuso a encenderlo. Un camarero, indignado, le dijo que se fuera inmediatamente.
Domingo pagó la cuenta de mala gana y salió a la calle. Ya en la vereda encendió su cigarro. Inmediatamente oyó un ruido que le recordó una lluvia tan tropical como su habano. Miró en derredor y descubrió a un coro de neoyorquinos que le aplaudían. ¡Bravo!



© José Luis Alvarez Fermosel

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