domingo, 20 de junio de 2010

Adultez

Me acaban de hacer opinar otra vez sobre el hombre actual.
Mi opinión fue utilizada en una revista para hacerme aparecer como un observador de la superficie y no de “la almendra de la cosa”, como dicen los seudo intelectuales y los… “filósofos” de café, que jamás crearon una escuela de pensamiento.
Me instalaron poco menos que como un frívolo en las satinadas páginas del “magazine” que acompaña como suplemento, un determinado día de la semana, a un diario especializado en economía y finanzas.
En todo caso, aparezco como un caricato facilón que se ocupa poco menos que de hacer chistes y se desarbola en los detalles -¡oh, pecado mortal, el detalle!-
Incluso cada dos por tres, después de alguna expresión mía, se añade entre paréntesis la palabra “risas”, como si yo me riera de mis propios chistes, que así parece ser que se consideran mis conceptos, avalados por una realidad que no puede dejar de verse, por más que uno meta la cabeza bajo la arena, como los avestruces.
Una de las cosas que yo he sostenido siempre en mis disquisiciones sobre el hombre joven del posmodernismo, no exentas de humor pero reveladoras de verdades como puños, es que le cuesta mucho –a la mujer, menos- madurar, independizarse y salir del nido: la casa de pá y má en la que se crió.
Invito a los lectores de este blog no ya a repasar la corta saga sobre el macho posmoderno (ver al pie, en Secciones, El macho posmo) que incluye, sino a fijarse en los links de muchos de mis posts, como la nota de Patricia Cohen que recomiendo ahora, titulada “La adultez llega cada vez más tarde”, publicada en “The New York Times”, que recoge el diario La Nación de Buenos Aires.
En cuanto a mi obsesión, por así llamarla, por lo aparentemente superfluo, por lo pequeño, por los detalles, me limitaré a resaltar su importancia, por enésima vez.
Los escribas de párrafo largo y denso, bien oscuro; los…”intelectuales” de gafas manchadas de grasa que pululan por los cafés, a ver si logran colarse en una tertulia; los eternos analistas de “los grandes temas nacionales”, los adjetivadores barrocos, los pensadores de viejos ateneos polvorientos, los escritores que darían parte de su vida por haber escrito el “Finnegan walk” de Fitzgerald …, en fin, toda esa runfla, ya saben ustedes, ignoran entre otras muchas cosas cómo y cuánto depende con frecuencia la vida de los detalles.

© José Luis Alvarez Fermosel

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