viernes, 23 de noviembre de 2007

Crónicas de Madrid (II)

La nueva Villa y Corte


Madrid ha crecido. Ya lo pueblan seis millones y casi trescientos mil madrileños y provincianos, incluídos un millón de inmigrantes latinoamericanos, marroquíes, guineanos, senegaleses, nigerianos, mauritanos, húngaros, checos, albanokosovares, serbocroatas, ucranianos, rumanos…
Madrid aparece ahora abigarrado, heterogéneo, multilingüe y tan colorido como la bandera roja y gualda –la más grande de España- que flamea en la céntrica Plaza de Colón, junto a la estatua del Descubridor.
La Villa y Corte se expande cada vez más hacia el norte. Al final del Paseo de la Castellana, pasados los que todavía se llaman los Nuevos Ministerios, la ciudad despliega una enormidad que asombra. Las torres Kio se inclinan una hacia la otra de manera tal que parece que sus extremos fueran a tocarse de un momento a otro.
El Complejo Bernabeu –del estadio del Real Madrid- incluye un museo con trofeos, banderas y recuerdos del mítico equipo de fútbol madrileño. Este museo recibe más visitantes que el del Prado.
En esa zona se yerguen rascacielos, bancos y edificios gigantescos que ocupan oficinas casi en su totalidad. Es tanto lo que se construye que las cementeras hace tiempo que se quedaron sin cemento y ahora lo tienen que importar. Los empresarios del ramo se han hecho multimillonarios.
La carretera de circunvalación M30 tiene ya el túnel urbano más largo de Europa, de 7,5 kilómetros. La remodelación de esta autovía mejorará la fluidez del tránsito rodado –que es infernal- y la seguridad. Mientras escribo estas líneas, miles de operarios dan los últimos toques a los tramos que ampliarán la red del metro, que será, con 322 kilómetros, el tercero del mundo después de los de Nueva York y Moscú.
Madrid ocupa el puesto 23 en la lista de las 30 ciudades más ricas del planeta, que aglutinan el 16 % de la producción económica mundial. La renta per cápita por año es de 35.000 euros. El PIB llegó ya a 141.456 millones de euros.
La vivienda está muy cara. El metro cuadrado alcanza picos de 12.000 euros en varias promociones de la zona céntrica de Madrid. Los municipios del gobierno socialista preven edificar 156.000 viviendas populares en los próximos ocho años.
En el popular barrio de La Bombilla está la Ermita de San Antonio de La Florida (1797). Su bóveda fue pintada en sólo ciento veinte días por Francisco de Goya y Lucientes. Considerada como la Capilla Sixtina del arte español, guarda los restos mortales del pintor.
El 15 de mayo, festividad de San Isidro, patrón de la villa, se celebra con representaciones teatrales, conciertos, títeres, bailes populares y fuegos de artificio.La muchedumbre invade la pradera de San Isidro –también inmortalizada por Goya en uno de sus lienzos-, donde infinidad de puestos y tenderetes expenden entre otras golosinas las clásicas rosquillas del Santo: las tontas, las listas –bañadas de azúcar glas-, las claras y las de limón. Corren el vino y la sangría y desfilan antiguos coches de caballos con madrileñas y madrileños vestidos con trajes típicos, ellas con mantón de Manila y ellos con pañuelo blanco al cuello y tocados con la característica gorrilla de visera.
En la Plaza de Oriente ya no hay violeteras de grandes y seductores ojos negros y cinturas de avispa, como la Almudena de la canción, de la que se enamoraba un duque. Me vienen a la memoria los versos del poeta:

“En la plaza de Oriente, fuego en los miradores,
niños en cochecitos de burros con banderas,
y el golfo que encendía al coche los faroles
y al fondo el Teatro Real, guardando sus palcos en la niebla”.




© José Luis Alvarez Fermosel
Desde Madrid - 2007

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Crónicas de Madrid (I): “Adiós a Balarrasa”

Crónicas de Madrid (I)

Adiós a "Balarrasa"

Fernando Fernán-Gómez, un artista muy querido por millones de españoles y latinoamericanos –había nacido accidentalmente en Lima- ha muerto en una clínica de Madrid a los 86 años, víctima de esa cruel enfermedad que, parece mentira, todavía no tiene cura, afecta y termina por matar a los fumadores empedernidos como este hombre multifacético, talentoso, quintaesenciadamente humano y poseedor, entre otros, de dos maravillosos dones: el de emocionar y el de hacer reir a sus semejantes. Sus restos fueron incinerados.
Actor de cine y teatro, director, escritor, miembro de número de la Real Academia Española, ganador –y merecedor- de infinidad de premios muy importantes, vivió intensamente una vida plena y constelada de satisfacciones y éxitos que jamás se le subieron a la cabeza.
Era alto, desgarbado, pelirrojo, golfo, gruñón, bondadoso, solidario, favorecedor de jóvenes valores…
Estudió como yo en el colegio San José que los Hermanos Maristas tenían en la calle de Fuencarral en la que, curiosamente, estoy viviendo ahora. Cuando yo ingresé en el colegio en cuestión, él acababa de obtener un gran éxito con su interpretación del personaje central de la película “Balarrasa”, basada en la guerra civil española. Ya era una leyenda.
Lamento con toda mi alma la muerte de Fernando Fernán-Gómez, que me sorprende a traición, como una puñalada trapera, apenas llegado a Madrid. ¡Qué malo está siendo este año! Año de muertes, 2007. Un año en el que murieron el negro Fontanarrosa, Paco Umbral, Luciano Pavarotti y ahora Fernando. Me dejo muchos en el tintero. Todos bellísimas personas. Los cabrones viven, y tal vez vivan eternamente nadando en dinero, recibiendo prebendas y haciéndole la vida imposible al prójimo.
En cuanto termine de escribir estas líneas me iré con mi congoja, en la fría tarde de Madrid, al café Gijón –que Fernando frecuentaba-, a tomarme en su memoria un whisky de la misma marca de los que él solía beber en Pasapoga.


© José Luis Alvarez Fermosel
Desde Madrid - 2007
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“Vísperas”

jueves, 22 de noviembre de 2007

Vísperas

-Así que se va usted otra vez a Madrid.
-En efecto, así es.
-De juerga, como siempre.
-No, esta vez no; no voy de vacaciones, ni es éste un viaje de placer.
-Pero escribirá usted algo, ¿no?
-Es posible.
-En plan de corresponsal, de enviado especial: política, economía, las internas de la política, los personajes, los candidatos… Va a llegar usted en plena campaña electoral.
-No, no, de ninguna manera; si escribo algo no será de nada de eso.
-¿Pero qué dice usted, hombre de Dios?
-Lo que oye.
-¡Pero la actualidad, las noticias de última hora, la política, señor mío, la política!
-¡Para eso están los diarios! Además, ya he escrito bastante de política, de economía y de otras zarandajas por el estilo a lo largo de mi carrera. Ya he sido reportero de calle y de primicias, ya he dado la última hora y la vuelta al mundo, o poco menos, y he estado pendiente de la actualidad más rigurosa; ahora voy a ser cronista de penúltima hora: me voy a ocupar de lo que nadie, o muy pocos se ocupan: de lo chiquito, de lo recoleto, de lo que le pasa al hombre, de lo que nos pasa a todos en la intimidad de nuestros hogares, en la calle, precisamente de "los sucesos que acontecen en la rúa", que dijo aquel cursi; es decir, de lo que pasa en la calle, las gentes que caminan por ella y cosas por el estilo.
-Pero escribirá usted algo de Madrid, sus gentes, sus cosas, de lo que pasa en España, de cómo está el país.
-Sí, claro.
-Bueno, pues nada, que tenga usted buen viaje y hasta la vuelta.
-Muchas gracias. Hasta la vuelta.

© José Luis Alvarez Fermosel

sábado, 17 de noviembre de 2007

Buñuel: duro por fuera y tierno por dentro

La anécdota que se cuenta a renglón seguido revela a las claras la verdadera personalidad de ese gran hombre y gran artista que fue Luis Buñuel. No le iba a la zaga otro ser humano de sus mismas cualidades, su actor fetiche: Fernando Rey.
La anécdota tiene a los dos, el director y el actor, como protagonistas. Es, además, un canto al detalle: el gran o pequeño detalle, tan expresivo siempre, que es ni más ni menos que el buen gusto y las buenas maneras quintaesenciadas.
Fernando Rey me contó una calurosa noche de verano en la terraza del Café Gijón, en el Paseo de Recoletos de Madrid, que una vez estaba trabajando en París en una película con Catherine Deneuve y otros artistas franceses de primera línea, quienes co­braban unos honorarios más al­tos que los suyos, con poca o ninguna justificación. Dirigía la película Luis Buñuel.
“Yo estaba lógicame muy molesto, pero me banqué la bronca hasta el final del rodaje sin protestar", me dijo Fernando.
“Muy pocos días después Buñuel me invitó a comer y cuando ya nos íbamos del restaurante, en el centro de París, me tendió un so­bre blanco cerrado y me preguntó apresuradamen­te y con timidez: ‘¿Puede un director amigo hacerle un pequeño regalo a un ac­tor amigo?’ Yo, un poco desconcertado, le dije que sí. El dejó el sobre sin más en mis manos y se perdió en la fría y lluviosa tarde parisiense. Cuando abrí el sobre, vi que éste tenía dentro mil dólares en billetes nuevos de cien”.
Así rebajó Buñuel la diferen­cia en la soldada de Fernando Rey de su pro­pio bolsillo, saltándose a la torera a la producción.
(Luis Buñuel -1900/1983- fue uno de los más eminentes directores de cine contemporáneos. Su obra permaneció fiel a la inspiración surrealista y a una meditación muy crítica sobre la religión católica. Su influencia fue decisiva en la historia del cine. En París, donde trabajó mucho, fue asistente de Jean Epstein. Anteriormente había estudiado literatura y filosofía en Madrid, donde se hizo muy amigo de Salvador Dalí. Vivió una parte de su vida en México, donde filmó muchas de sus mejores películas. Entre las rodadas en España, Francia y México, recordemos “Los olvidados”, “Un perro andaluz”, “Viridiana”, “Nazarín”, “La Vía Láctea”, “Tristana”)


© José Luis Alvarez Fermosel
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miércoles, 14 de noviembre de 2007

Saber estar

No sólo es importante saber que hacer en sociedad. Tanto o más importante es saber que no hacer.
Por ejemplo, es de muy mal gusto hablar siempre, y en todas partes, de enfermedades propias o ajenas. Ni que decir tiene que si las enfermedades o molestias son de carácter íntimo, hay que dejarlas en la intimidad.
No es así como precisamente elegante, caballeros, ponerse un pañuelo en el bolsillo superior de la chaqueta que haga juego con la corbata, con la que ya no se llevan trabas, como en los Estados Unidos, donde también sigue de moda que el hombre luzca anillos y pulseras.
No hay que decir “fino”, o “distinguido”, para calificar a alguien: la persona que lo dice no es fina ni distinguida.
Si uno tiene invitados, deberá acompañarlos a la puerta cuando se vayan y esperar a que entren en el ascensor, o a que empiecen a bajar las escaleras. Cerrar la puerta, si se quiere de golpe… -si los invitados en cuestión han sido unos pelmazos- cuando los visitantes se hayan ido.
Tampoco hay que preguntar a la persona que nos llama para invitarnos a cenar: “¿quién va a ir?” Se puede averiguar por otros procedimientos menos… directos quienes serán los asistentes a la cena a la que, por cierto, no hay que ir con nadie que no haya sido invitado.
La pregunta del millón: ¿qué llevar: vino, chocolates, una torta, masitas? Lo mejor es mandar al día siguiente unas flores a la anfitriona con una tarjeta en la que le expresemos, en cuatro bien pergeñadas líneas, nuestra gratitud por habernos invitado.
Utilicemos lo menos posible las expresiones “querido” o “querida”. Son una manifestación de esnobismo. Y ya tenemos bastantes esnobs en esta sociedad “cool” de principios de milenio.
En el restaurante, no llamar al mozo golpeando el vaso con el tenedor u otro cubierto, ni gritarle: ¡Caballero! Tampoco hay que decir “chin chin” y “buen provecho”. No pedir un vermú u otro aperitivo después de comer. En el momento de dejar la propina, no llenar la mesa de monedas.
El dedo meñique separado de los otros dedos, formando un arabesco o manteniéndolo enhiesto cuando se sostiene un vaso o una taza, es una espantosa mezcla de ordinariez y cursilería.
Por último, no tender al saludar una mano blanda y sin vida, ni tampoco estrujar con fuerza inmisericorde la mano de la otra persona. El apretón debe ser firme pero no brutal: es un gesto de amistad, no un test psicológico conducente a poner de manifiesto la propia personalidad.

Ilustración: Dibujo de Walter Goetz, del “Punch” de Londres.


© José Luis Alvarez Fermosel

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“Los naipes tienen alma” (http://elcaballeroespanol.blogspot.com/2007/10/los-naipes-tienen-alma.html)

domingo, 11 de noviembre de 2007

Disminuye la capacidad mental

Miguel García Posadas, crítico literario del diario El País de Madrid, sostuvo recientemente que “hay que estar atentos a expresiones que se ponen de moda, pero que no son correctas, corrompen la lengua y terminan perdiendo su significado original”.
El lingüista y académico español Fernando Lázaro Carreter denunció en el mismo rotativo que “los españoles van perdiendo precisión, con lo cual está disminuyendo la capacidad mental colectiva”.
“Por ejemplo –
subrayó Lázaro Carreter- una palabra que muchos periodistas usan y que la gente repite es provocar. ‘El incendio fue provocado…’. Provocar es otra cosa, a mí me irrita mucho eso. En todo caso puede decirse, el incendio lo causó… No me molesta la irrupción de palabras extranjeras en nuestra lengua, sino la pérdida de los matices, y esto no es purismo, sino pretender que los hablantes tengan más posibilidades de expresión”.
Para Lázaro Carreter no deberían aceptarse más que los neologismos necesarios.
“Y, desde luego, habría que tener una posesión perfecta, o muy buena, del idioma de uno, que está hecho de pequeños matices”, remachó el académico.
La lengua, patria portátil del hombre, es la sede de la identidad de la cultura de un pueblo: es la ciudadela última que preserva lo propio.

Idioma en encrucijada

Los eruditos a la violeta, en su obsesión por parecer modernos e innovadores, y en el fondo porque son muy ignorantes, dicen y escriben -no se rasguen ustedes las vestiduras, que están muy caras-, cosas como estas:
Profesionista por profesional, desaparecimiento por desaparición, liderato por liderazgo, utensillo por utensilio, mantención por mantenimiento (de edificios) o manutención, evolutibilidad por evolución, ductibilidad por ductilidad, dramaticismo por dramatismo, controversial por controvertido, referencial por referido o referente, ante­cedencia por antecedente, individuación por individualidad, dobladillar por hacer un dobladillo, esguinzar por producirse un esguince, tipicidad por tipismo, inversalmente por inversamente, efusivo por efervescente, repitencia por repetición, aspectado por presentado o por presentar tal o cual aspecto, prepotencialidad por prepotencia, perduración por per­durabilidad...
También dicen y escriben accesar por acceder, predominancia por predominio, supremancia por supremacía, conectividad por conexión, procesionar por marchar en procesión, espacialidad por espacio, medicalizar por medicar, hidalguismo por hidalguía, derrocación por derrocamiento, selectar por seleccionar, prevencional por preventivo, convivenciar por convivir, explosivista por experto en explosivos o artificiero, polvoso por polvoriento, en olor de multitudes por en loor de multitudes, a punta de pistola en vez de pistola en mano, llevarse a engaño por llamarse a engaño, ocupar un rol por desempeñar un papel, atrás mío por detrás de mí.
Hay más, hay mucho más, pero vamos a dar, y a darnos un respiro, que por hoy ya está bien.
Lo malo es que la Real Academia Española, cada vez más permisiva con los esnobs, otorga enseguida patente de corso a estas y otras… “innovaciones” y dilata la aceptación de modismos latinoamericanos muy expresivos y graciosos, expresiones igualmente válidas del lenguaje popular y neologismos procedentes de la tecnología.
De cualquier manera, habría que hacer algo a fin de evitar la introducción de tantas palabras mal dichas y tantas cursilerías en nuestro puro, cristalino, rico, sonoro y expresivo –no nos cansaremos de repetirlo- idioma español, que hablan más de 400 millones de personas en todo el mundo.
Bueno sería promover reuniones con maestros y gramáticos y que de ellas surgieran conclusiones interesantes, reincorporar a los correctores de estilo en los medios informativos, ser un poco más estrictos en la selección de los… “conductores” de radio y televisión, que no sean todos modelos y muchachos amigos de los gerentes o de los pomposamente llamados… “directores de contenidos”; crear más talleres de idiomas, fomentar la lectura, que la gramática sea una asignatura presente en todas las carreras, cursos, reválidas, perfeccionamientos de posgrado y se le dé la importancia que tiene.
Porque el idioma español está en una encrucijada.


© José Luis Alvarez Fermosel