domingo, 27 de julio de 2008

¿Descubrieron los fenicios América del Sur?

América del Sur fue descubier­ta por los fenicios en el año 500 antes de Cristo, asegura el pro­fesor Lienhart Delemar, de la Universidad alemana de Bonn.
En cualquier caso, colonos fenicios y he­breos llegaron antes de Cristo a Santiago del Estero, se desprende de reliquias encontradas en esa provincia del norte argen­tino, a 1.247 kilómetros de Buenos Aires.
En el museo de Santiago del Estero hay restos arqueológicos con inscripciones en lengua fenicia que no difieren de las halla­das en otros lugares y de las que fueron au­tores varios pueblos del Asia Menor que vivieron milenios antes de Jesucristo.
Varios investigadores sostienen que in­finidad de reliquias arqueológicas yacen aún sepultadas bajo el inmenso Chaco santíagueño, a la espera de ser descubiertas.
Según estudios realizados por científicos, las inscripciones son idénticas a las encon­tradas en Perú y en la India y fueron hechas con escritura circular.
Pero, ¿cómo llegaron hace 2.000 años a Santiago del Estero hombres del Asia me­nor?
Los investigadores parecen haber halla­do una pista en inscripciones en Santiago del Estero y la provincia limítrofe de La Rioja. La escritura es de dos tipos: hebreo ar­caico y fenicio de Biblos.
Otro elemento que tal vez podría arrojar alguna luz sobre el tema es un banderín de la tribu de navegantes hebreos Zabulón, descubierto también en estas lejanas latitu­des del continente americano.
Los científicos pretenden ahora recom­poner un "puzzle" casi indescifrable, recu­rriendo a fuentes bíblicas.
La Biblia dice que el rey Salomón envió una expedición mixta de marineros fenicios y judíos de la tribu Zabulón a buscar oro al país de Orphir.
Cabría entonces la posibilidad de que al­gún barco de la expedición se hubiera per­dido en la compleja singladura y penetra­do en el ancho Río de la Plata, navegando río arriba por el Paraná, como hacían los intrépidos nautas que recorrían el Nilo.
Para ayudar a comprender lo difícil que resulta precisar hoy día esos descubrimien­tos, no vendría mal recordar lo sucedido en Australia.
La revista “Búsqueda” de Buenos Aires, especializada en temas de divulgación y en­sayo, aportó ciertos datos de interés a la so­lemne historia oficial.
“Búsqueda” recordó que Australia fue des­cubierta en 1601 por un portugués llama­do Godinho de Eredia.
En los últimos años -señaló la revista- se han descubierto por lo menos seis yaci­mientos de objetos fenicios, tres de los cua­les aparecieron en la costa oriental de Aus­tralia, la más alejada del Viejo Continente.
El también portugués Vasco de Gama encontró en 1498 la vía marítima entre Europa y la India, bordeando África. Los igualmen­te lusitanos Fernao Pérez y Jorge Alvarez descubrieron la ruta que conduce a China en 1517. Esos dos caminos eran ya conoci­dos por Oriente y Occidente. Cuando el le­gendario veneciano Marco Polo llegó a Chi­na por tierra entre 1271 y 1295, se encontró con cristianos nestorianos.
Los estudiosos estiman que las inscrip­ciones de Santiago del Estero constituyen uno de los descubrimientos más importantes de los últimos tiempos. Pero todavía no se aventuran a dar una definición concreta.
Hay coincidencia, empero, en que las inscripciones son fenicias, lo que quiere de­cir que esos colonos vivieron hace miles de años en lo que actualmente es parte de la República Argentina.
A medida que se citan los hechos, la con­fusión es mayor y el monumental edificio de la historia se tambalea.
La mayoría de los descubrimientos con­forma un tablero de ajedrez muy compli­cado, sobre el que se devanan los sesos me­ticulosos científicos.
Algunos de ellos, tratando de rizar el ri­zo, sostienen que son extraterrestres los res­ponsables de las inscripciones jeroglíficas y otras esotéricas zarandajas que complican ahora la vida de los estudiosos.
Pero ésa (la de los extraterrestres) es otra historia, que diría Kipling.


© José Luis Alvarez Fermosel

sábado, 26 de julio de 2008

Permanente presencia

La Argentina se puso de moda en España a finales de la década del cuarenta, con la llegada de los barcos con carne y trigo.
En los años cincuenta y sesenta, y aún después, la Argentina siguió vigente en la vida de los españoles.
Los niños leíamos la revista “Billiken” y, las señoras, “Para Ti”, la antigua: la que traía en las páginas interiores la historieta de Pelopincho y Cachirula y cuyas portadas mostraban bellísimos rostros de mujer, siempre con grandes pamelas en la cabeza, dibujadas por un pintor chileno llamado Raúl Manteolas.
Todo el mundo cantaba tangos. La gente se sabía las letras de memoria. Y algunos entendían el lunfardo.
La primera churrasquería argentina abrió sus puertas cerca de la Gran Vía de Madrid. Era de una pareja de cómicos que parece ser que hicieron furor en Buenos Aires en los años cuarenta y se llamaban Tranquilino y Esmeralda.
Poco tiempo después, las parrillas argentinas se expandieron por toda la ciudad y los madrileños nos poníamos como el Quico comiendo a dos carrillos chinchulines, mollejas, tripa gorda y otras de las llamadas achuras en Argentina y menudencias, o entresijos en España.
En cuanto al bife de chorizo, nuestros compatriotas nos hacían siempre la misma pregunta, con su poquito de guasa: “pero, ¿es un bife… o es un chorizo?”.
La primera tanguería de la que uno tiene memoria estaba también cerca de la Gran Vía y se llamaba El Rincón del Tango. En ella cantaba con desgarro tangos y milongas “La Gata”, que tenía unos ojos verdes preciosos. Creo que la acompañaba al bandoneón un tal Alberto, probablemente su hombre.
“La Gata” fue sustituída por Carlos Acuña, que había venido de no sé dónde. También cantaba, vestido de gaucho, en el cabaré Morocco, en la calle Marqués de Leganés, donde Naima Cherky bailaba magistralmente, noche tras noche, la danza del vientre al son del bongó que percutía su fiel bongosero Alí, marroquí como ella.
Carlos Acuña salió una noche a cantar en El Rincón del Tango y vio que en la primera fila, entre unos cuantos amigos argentinos y españoles que sabían hablar “al vesrre”, había una chica muy mona, con unas piernas sensacionales que mantenía cruzadas. Antes de empezar a cantar, Carlos “chamuyó”, sin dirigirse a nadie en particular: “¡Che, jovie, campaneá las gambas de la nami!”. Sólo los iniciados en el argot porteño soltamos la carcajada.
Acuña cantaría tangos después en Radio Madrid en una serie sobre la vida de Carlos Gardel que produjo, con guión del catalán José Mallorquí, el chileno Raúl Matas, también afincado en Madrid. Poco después, Carlos, que no dejaba de trabajar aquí y allí con un éxito impresionante, se hizo amigo de Juan Perón y empezó a visitarlo regularmente en su quinta de Puerta de Hierro, pero sin ningún interés político.
Quienes teníamos entonces amigos argentinos y estábamos al tanto de los usos gastronómicos porteños, quedábamos muy bien invitando a comer a nuestros paisanos pastel de papas, tira de asado o bife de chorizo –de carne que seguía viniendo de Argentina- y “postre de vigilante”: queso fresco y dulce de batata.
Pepe Iglesias, “El Zorro”, había armado una verdadera revolución trabajando en la radio y luego, aunque con menos éxito, en la televisión. Otro tanto le pasó al uruguayo Juan Carlos Mareco, “Pinocho”. Todo el mundo repetía y cantaba los dicharachos y las canciones de los dos en todas partes.
En las postrimerías de los 70 nos codeábamos con Alberto Cortez, Luis Aguilé, Analía Gadé, Alberto Marcó, Susana Campos, Alberto de Mendoza, Carlos Estrada, Alberto Dalbes y otras otras entrañables gentes de la farándula porteña.
¿Y qué decir de Alfredo Di Stéfano, “La saeta rubia”, si nos referimos al fútbol? Alfredo no fue el único jugador argentino que triunfó en España, pero sí el que lo hizo de forma más continuada y espectacular.
Antes de que Radio Madrid (Emisora Central de la Sociedad Española de Radiodifusión), cerrara sus transmisiones a la una de la madrugada, una periodista argentina de voz de seda llamada Delia Porciana hablaba de Buenos Aires. Y uno soñaba con venir.
Creo obligado escribir todo esto aquí. Es gratitud y es recuerdo.



© José Luis Alvarez Fermosel


Nota relacionada:
26-07-2008: “El año argentino de España”
(
http://elcaballeroespanol.blogspot.com/2008/07/el-ao-argentino-de-espaa.html)

El año argentino de España

Un 26 de julio como hoy, hace 56 años, murió en Buenos Aires María Eva Duarte de Perón (1919/1952) a los 33 años de un cáncer de útero. Fue la segunda esposa del general Juan Domingo Perón (1895/1974), creador del movimiento popular denominado justicialismo o peronismo –la tercera posición: “ni yanquis ni marxistas, peronistas…”-.
Perón presidió Argentina en tres oportunidades. Después de su derrocamiento en 1955 por la llamada Revolución Libertadora, transitó por varios países latinoamericanos y al cabo se asiló en España, donde vivió por espacio de casi veinte años.
Eva Perón viajó a España en 1947: el año argentino de España.
“Lo mismo que en las exposiciones internacionales se dedica un día a cada uno de los países participantes, la historia de la España contemporánea tiene, en justicia, que dedicar aquel año a la nación argentina. Es la mínima gratitud que merece el país que nos alimentó doblemente: en lo material y en lo espiritual. Estremece pensar lo que hubiera sido de nosotros sin el trigo, los huevos y la carne que nos mandó el gobierno argentino".
Esto nos dijo Fernando Vizcaíno Casas, quien fue el mejor abogado laboralista de España, espe­cialista en Derecho Cinematográfico y, además, uno de los escritores más populares de la historia editorial, ya que vendió más de cuatro millones de ejemplares de sus libros. Tenía en su haber, entre otras distinciones, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.
Esta entrevista se públicó por primera y única vez en el semanario hemisférico “Tiempos del Mundo” –que se editaba en 17 países latinoamericanos y tres ciudades estadounidenses: Washington, Nueva York y Miami-. Sale a la luz ahora en este blog con carácter de (retrospectiva) primicia.
El apoyo de los argentinos en esos años tan difíciles para nosotros fue inestimable. Lo subrayó la llegada del emba­jador de Argentina -cuando todos los demás se habían ido- y de la propia esposa del presidente de la República, Eva Duarte. La sensibilidad del español, tan agudizada en aquellos tiempos, supo valorar debidamente el rasgo del gene­ral Perón.
En octubre de 1946 se había firmado un tratado comercial hispano-argentino, que se cumpliría el año siguiente.
Cuando las Naciones Unidas acordaron la retirada de España de todos los embajadores -por entender que la Península era partidaria del Eje (1)-, el gobierno argentino del general Juan Perón no sólo votó en contra sino que decidió inmediatamente el envío de un embajador, puesto que el cargo estaba vacante. Fue nombrado Pedro Radío, que llegó a Barcelona el 13 de enero a bordo, además, de un barco de bandera española. (No se escatimaron los detalles, tan importantes.)
El embajador Radío, a quien se dis­pensó un caluroso recibimiento, declaró a los periodistas: "Vengo cumpliendo un acto normal y regular de mi gobierno: el envío del representante del pueblo argen­tino ante el pueblo español. Con este acto el gobierno argentino no desafía a nadie. España es para nosotros única e indivi­sible desde los Reyes Católicos. El amor a ella jamás se ha interrumpido."
Hermosas palabras, que esta vez no fueron sólo palabras. La agencia española de noticias EFE anunció, al mismo tiempo, que de la Argentina lle­garían a España, durante 1947, un mínimo de 400.000 toneladas de trigo, 120.000 de maíz, 8.000 de aceites comestibles, 16 de tortas ole­aginosas, 100.000 de lentejas, 20.000 de carne conge­lada, 5.000 de carne salada y 50.000 cajones de huevos. Por su parte, España envia­ría 5.000 toneladas de chapa negra, 5.000 de plomo, 5.000 de corcho, 600 de papel para cigarrillos y 200 de aceitu­nas.
El 26 de marzo, toda la prensa española recogía ensus titulares de primera página unas declaracionesdel ministro de Industria y Comercio, Juan Antonio Suanzes: "Carne y trigo argentinos aseguran el abastecimiento de España duran­te este año".
Aquéllo
–recordó Vizcaíno Casas- supuso para nosotros un respiro, porque la España de entonces seguía enfrenta­da a diario con el 'pavoroso espectro' del hambre. Y el hambre total quedaba descartada gracias a la Argentina".
- ¿Recuerda la llegada de Eva Perón a España?
- ¡Perfectamente! Llegó el nueve de junio en visita oficial. El entusiasmo de los españoles fue excepcional. En pocas oportunidades el viaje de una personalidad política justificó como entonces el fervor de las muchedumbres. Cientos de miles de madrileños aclamaron a Evita en la Plaza de Oriente.
- La verdad es que tenían motivos para hacerlo.
- Desde luego. Evita representaba el país que nos daba de comer, pero tam­bién, y eso fue lo más importante, nos apoyaba moralmente en medio del aban­dono general. La señora de Perón era, por otra parte, la líder de los "descamisados", la mujer que estaba llevando a cabo una profunda revolución social en favor de las clases humildes de su país. (Eso no le impidíó hacer en España sus apariciones públicas vistiendo las más elegantes "tenues" y unas preciosas capas de visón, a despecho del agobiante calor del junio madrileño.)
- ¿Y qué dijo la prensa?
- La prensa se volcó también en homenajes a la primera dama argentina. El diario “Arriba” dijo: "Madrid entero rinde homenaje a la Argentina en la persona de María Eva Duarte de Perón". Bajo el título "Mensajera de amor y paz", el diario “Madrid” escribió: "Lo mejor del grandioso espectáculo que ofreció Madrid ayer con motivo de la lle­gada de la señora de Perón fue su sincera cordialidad”.
- ¿Qué más recuerda de la visita de Eva Perón a España?
- Pues que visitó El Escorial (2), el castillo de la Mota (3), las ciudades anda­luzas de Granada, donde recorrió las calles en coche de caballos, y Sevilla -aquí rezó fervorosamente ante la Virgen de la Macarena-, Santiago de Compostela, en Galicia, y Barcelona, la segunda ciudad de España, en Cataluña, adonde acudió el general Francisco Franco, que entonces regía los destinos de los espa­ñoles, a despedirla. Allí, en la capital catalana, se le rindieron homenajes espe­ciales. Evita estuvo especialmente cauta y feliz en sus declaraciones. Destaque­mos esta frase suya, indudablemente cer­tera y oportuna desde un punto de vista político: "No he venido a formar ejes, sino a tender un arco iris".
Eva Perón se fue de España en olor de multitud. Y continuaron llegando, gracias a Dios, los envíos alimenticios de su país. Al mercante Quitay, que trajo al puerto de Barcelona 604.000 kilos de carne congelada procedente de Argentina, se lo recibió también con alegría.
El año 1947 fue, verdaderamente, el año argentino de España.


(1) Alianza político-militar establecida en 1936 entre Berlín y Roma. Después se unieron Japón, Hungría, Rumania y Bulgaria.
(2) Pueblo de España, en la falda de la sierra del Guadarrama –a 50 kilómetros de Madrid-, donde está el famoso monasterio, considerado como la octava maravilla delmundo, que el rey Felipe II mandó construir en 1563 para conmemorar el triunfo de los españoles contra los franceses en la batalla de San Quintín, en 1557.
(3) En el castillo de la Mota, en Medina del Campo (Valladolid) murió en 1512 la reina Isabel La Católica.



© José Luis Alvarez Fermosel




lunes, 21 de julio de 2008

Recordando a Alfonso Sánchez

Tengo una amiga catalana que cocina como los dioses. Tan así es que le invita a uno a comer y después no se puede ir a otro sitio porque en ninguno se come tan bien como en su casa.
Mi amiga, cuyo nombre de pila es Àngels, vive en un piso amplio y luminoso –para lo que son las viviendas hoy en día- del barrio de Núñez de Buenos Aires. Un jardín terraza con infinidad de plantas y flores y una casita con alpiste y agua para pájaros, que la visitan a diario. La gata "Mimi". Libros, “compact discs”, diremos para ajustarnos a la terminología al uso; cuadros y “bibelots” por todas partes.
El domingo fuimos Maite y yo a comer a su casa. Nos quedamos a cenar, ya que estábamos. Comimos y bebimos como siempre, maravillosamente. Sopa de pescado, gambas al ajillo, calamares rellenos, espalda de cordero, trilllas, queso, “goulash”, ensalada de frutas frescas, un vino tinto buenísimo, coñac Napoleón…
Charlamos agradablemente de todo un poco. Àngels es una persona culta, habla varios idiomas, ha vivido en Francia y trabajado en su Barcelona natal siempre con libros, a tal punto que puede decirse que nada referente a los libros le es ajeno; es una lectora impenitente y apasionada y tiene una biblioteca impresionante.
Recordamos en un momento dado a algunos de los escritores españoles de finales de los protéicos y encantadores años sesenta. Muchos escribían en los periódicos, que salían espléndidos, gracias a ellos.
Salió a relucir Alfonso Sánchez (foto), un columnista con quien yo estuve indirecta y humorísticamente relacionado por una anécdota que provocó mi hermano Manolo, que era un gran bromista y tenía un irreprimido sentido del humor.
Alfonso Sánchez escribía de todo, y muy bien. Era un excelente crítico de cine y un hombre bueno y afectuoso, a pesar de que a veces ponía cara de ogro para asustar a los niños y, a renglón seguido, darles caramelos.
Transcribo al pie de la letra los párrafos que le dedicó Paco Umbral en su libro “Las palabras de la tribu”:
“Además de Neville está López Rubio, finísimo en el teatro y la prosa, y hasta Ruiz Iriarte ya como estriba­ciones generacionales. En cuanto a los humoristas grá­ficos, tan literarios, Herreros es el Solana del chiste, Mingote es el Picasso de los periódicos, Chumy es el surrealismo en crudo, que todavía hoy tiene un alum­no, el Roto, y, finalmente, el gran ‘cronniqueur’ genera­cional, Alfonso Sánchez, que creó un género de colum­na periodística que no se conocía en España, y cuya clave me explicaba un día:
-A nuestras marquesas y nuestros políticos tene­mos que prestarles nuestro ingenio, Paco, porque ellos no dicen nada.
Una tarde, como tantas, fui a buscarle a la redac­ción del Informaciones. Estaba haciendo la columna.
-¿De qué escribes hoy, Alfonso?
-Estoy deseando terminar para saberlo.
Alfonso era bajo, calvo, solterón, protegido de los Fierro (1), gangoso y gracioso, de un gran ingenio conversacional, un talento ‘mondain’, francés, interesado por lodo lo exterior, del cine a los toros. Parece que, previo pago, se beneficiaba a las modelos más exquisitas de Madrid, que por entonces eran las de Pedro Rodríguez, Herrera y Ollero y toda aquella gente, entre la que yo conocí a la malvada y gildeana Belén. Alfonso se obsti­naba en que él y yo estábamos igual de sordos y de ca­tarrosos, lo cual no era verdad, pero cuando el acata­rrado era yo venía a casa, me daba conversación y me regalaba una corbata.
-Le he regalado otra igual a Perico Chicote, que anda jodido, el hombre.
Su sección en ‘La Codorniz’ se llamaba «Nada con si­fón» y la firmaba Chistera. No se puede escribir nada, tan primoroso sobre la pura nada, una nada de arabes­co, mundanismo y gracia. Una nada plateresca. Alfon­so es un talento olvidado en este país sin memoria lite­raria. Así nos va. Tenemos tanta gente como Francia, pero no tenemos memoria, lo cual es una manera fina de decir que no tenemos cultura.”
Alfonso Sánchez era un fumador empedernido. Fumaba más de 40 cigarrillos al día y sus toses atronaban la redacción del vespertino “Informaciones”, en el que trabajó una temporada, así como las de César González-Ruano, compulsivo fumador de tabaco negro, detonaban en los cafés que él había convertido en sus reductos literarios. Alfonso fue el autor de la frase: “Compañero y, sin embargo, amigo”, me recordó Manolo Martín Ferrán el otro día en una carta.
Fueron los últimos bohemios, los últimos golfos y también los últimos “dandies”, los últimos escritores que enaltecieron los diarios con sus artículos a cambio de una soldada que no les alcanzaba para pagar las cuentas de bar y al sastre.

(1) Una de las familias mas adineradas de la época.


© José Luis Alvarez Fermosel

miércoles, 16 de julio de 2008

Perra vigila tras una almohada

La perra –porque es una perra y se llama “Dolce”, lo sabemos-, al parecer vive sola, queremos decir que duerme sola, que no tiene perro.
No le faltan comodidades, sin embargo; se ve que dispone de un lecho mullido y buenas almohadas.
¿Quién le habrá puesto el despertador a las cinco y media de la madrugada? Se nota que es de mañana, o de madrugada, porque la lámpara que hay al lado del despertador rojo está encendida.
¿Tendrá la perra que ir al veterinario, y por eso se levanta tan temprano? Pero las veterinarias abren a partir de las nueve o las diez
A la perra se la ve saludable. Incluso con cara de estar gastando una broma. Tal vez se haya subido a la cama de sus amos en un descuido de ellos, o con su consentimiento, y se atrinchera tras una gran almohada negra, o azul y blanca a cuadros, asomando la cara, no vaya a pasar algo y ella se lo pierda.
Los perros, como otros animales, poseen sentido del humor, a diferencia de muchas personas, que así les va. Y, desde luego, cuando tienen ya algunos años son comodones, aunque no tanto como los gatos, cuyo sentido de la comodidad y su capacidad para gustar de ciertos placeres como la soledad, la independencia, la autogestión y la siesta raya en el sibaritismo.
Perros, gatos, loros, elefantes, águilas, ballenas, monos… Cuán queribles son todos; y los domésticos, las mascotas, cómo nos alegran la vida, cuántas lecciones de humildad, lealtad, afecto y simpatía nos dan.

Foto:
De la serie “Dolce”
© Maite
© José Luis Alvarez Fermosel




domingo, 13 de julio de 2008

A Cabo Polonio en camello

A miles de kilómetros del de­sierto del Sahara, Adauto Puñales, cuando fue intendente del departamento uruguayo de Rocha, utilizó camellos como transporte ecológico a fin de sortear cuatro kilómetros de dunas, declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad en Cabo Polonio.
Cabo Polonio es una aldea de pescadores sin luz, amenazada por el turismo pesado y los todo terrenos. Está a 250 kilómetros al este de Montevideo, sobre el océano Atlántico. Puñales se empeñó en conservarla. Y lo consiguió.
Pocos intendentes habrá tenido Rocha tan tradicionales, carismáticos y, sobre todo, con tanto sentido del humor como Adauto Puñales, quien llevó, en efecto, los camellos a Cabo Polonio en 1994.
El problema que se le habrá planteado a Puñales para llevar los camellos a Cabo Polonio no debió ser fácil, precisamente, pero más difícil fue, con toda probabilidad, atravesar el desierto de Nevada en camello en las postrimerías del siglo XIX.
La ocurrencia se debió a un teniente de la Marina estadounidense, Edward Fitzgerald, quien pensó en usar los camellos por la sobriedad y resistencia al calor y al frío de estos animales. Washington estuvo de acuerdo e inmediatamente se creó el Cuerpo de Camelleros del Ejército de los Esta­dos Unidos, que reunió en marzo de 1856 un rebaño de camellos en Campo Verde, cerca de San Antonio de Texas, donde se maniobraba con ellos con la ayuda de guías traí­dos de Egipto, Siria, Turquía y Libia.
Un recorrido de media distancia en­tre Texas y California no resultó mal. Los camellos aguantaban el agobiante calor, resistían caminatas interminables y mal que bien pres­taban un servicio. Pero cuando los entrenadores, cumplidos sus con­tratos, volvieron a sus países, ningún soldado consiguió que un solo ca­mello le obedeciera porque ningu­no entendía el inglés, sino el árabe.
Los muleros norteamericanos, acos­tumbrados a tratar con animales tan tercos como las mulas, no pu­dieron hacer carrera de los came­llos, que permanecían completa­mente sordos a sus órdenes. Ade­más, los muleros se mareaban en lo alto de aquellos gigantescos anima­les, que se mecían al trotar como un barco en mar gruesa.
Así que el Estado Mayor, entre mandar soldados a África para que aprendieran árabe y pudieran dirigirse a los camellos en ese idio­ma o prescindir de éstos, optó por lo último. Los camellos fueron "licenciados", por así decirlo. Y, lo que es peor, subastados. El Depar­tamento de Guerra se encargó de liquidarlos.
Uno de los guías egipcios, Hadji Alí, un tipo tan pintoresco como Adauto Puñales, se quedó en el Oeste americano, al que se adaptó mejor que sus animales. Se hizo buscador de oro y los yanquis lo aceptaron sin reservas, pues era un hombre inteligente, de temperamento bromista como Adauto Puñales, que aprendió inglés en poco tiempo. Los americanos lo llamaban "Hi Jolly" (algo así como "¡Hola, sim­pático!", en español).
Hadji Alí no encontró mucho oro, pero se divirtió de lo lindo en el Far West, donde desestimando alguna de las prohibiciones de su religión, como la de no beber alcohol, se aficionó al whisky de centeno, del que hacía un consu­mo más que regular.
Alí murió en 1902. Y si se habrá hecho querer por la ruda gente del Oeste que en Quattztite, un pe­queño poblado del desierto de Arizona, se yergue hoy un monumento que honra su memoria.


© José Luis Alvarez Fermosel

Nota relacionada:

30-12-2005: “Adauto: El Hombre”
http://www.uruguayinforme.com/news/30122005/30122005_dornel_adauto.htm










Hombres..., ¡a depilarse!

Antes, es decir, hasta hace muy poco tiempo, eran sólo las mujeres quienes se depilaban. Bien, pues ahora, es decir, desde hace mucho tiempo lo hacen también los hombres..., incluídos los de pelo en pecho; perdón, los de pelo en pecho, más y mejor.
Porque los hombres de pelo en pecho, precisamente, han entrado en la categoría de "out": están fuera de onda y, como es sabido, el que está fuera de onda no es “cool” y no ser “cool” es una tragedia, que dijo aquél.
Un nuevo cánon para los varones dignos del honor de figurar en las portadas de las revistas de moda de gran tirada, o de protagonizar anuncios publicitarios en la televisión es la ausencia de vello corporal.
La agencia de modelos Ford, una de las más prestigiosas de Washington, recordó no hace mucho que la cosa no es de ahora, porque la explosión de los gimnasios y el culto al músculo que parieron a los fisicoculturistas impusieron la depilación.
Los muchachos con avanzadas aspiraciones estéticas se someten ahora en masa a las técnicas depilatorias de último momento con rayo laser.
Un famoso estilista de la capital norteamericana informó que
"antes sólo venían a mi establecimiento los travestis y ahora tengo en él hasta cuarenta hombres a la semana".
El selecto salón de Elizabeth Arden hace tiempo que contrató especialistas que se ocupan de dejar a los clientes mondos y lirondos.
Es que se lleva mucho el hombre-niño, el hombre-mujer; el hombre que va con su esposa, o solo, a determinados establecimientos donde ofrecen a los caballeros ropa de mujer para que se la prueben y anden durante algún tiempo de aquí para allí en los salones, con blusas, faldas, medias y zapatos de tacón alto. Dicen que experimentan una sensación muy placentera. Vivir para ver.
Cierto sector de la "intelligentsia" washingtoniana -que ya se está ocupando de estas tendencias-, atribuye la moda del depilado masculino al paso de la sociedad industrial a la tecnológica. En ésta última, al parecer, el pelo en el hombre sobra y de ahí otra moda: la de afeitarse la cabeza.
El caso es que desde Madison Avenue, en el corazón de Washington, se impulsa también el adiós a los velludos torsos masculinos que eran hasta hace poco tan “sexies” para las mujeres de rompe y rasga.



© José Luis Alvarez Fermosel