miércoles, 2 de septiembre de 2009

Lo absurdo, lo ridículo, lo bobo

También el sentido lúdico, con lo importante que es, se adultera y se diluye en el posmodernismo en extravangacias, delicuescencias y ridiculeces con connotaciones de culo al aire, y no pedimos perdón porque nos servimos del castellano castizo y popular para expresar nuestros pensamientos, no del alambicado lenguaje de los culturetas del museo del guante.
Jugar -no nos referimos a los juegos de azar- nos es sólo cosa de niños. Benditas sean las personas mayores que, con lo difícil que está todo, sienten de vez en cuando la necesidad de jugar, conservan su sentido lúdico y le dan rienda suelta y juegan, y gastan bromas –no pesadas-, y cuentan chistes, y luchan a brazo partido, de mentirijllas, con su hijo, o con un perro, revolcándose en un prado en verano, bajo un sol esplendoroso.
El bebé ya camina torpemente con sus piernas gordezuelas, y dice papá con su lengua de trapo. El gato se nos sube al hombro de un salto y nos muerde delicadamente la oreja.
Correr, saltar, nadar, regarse con una manguerra, jugar al escondite, a la mancha, moverse sin tregua ni pausa, aunque las viejas articulaciones crujan…
En lo que se refiere a los juegos entre mayores nosotros preferimos los eróticos, jugados entre adultos de distinto sexo. Hoy se practican muy poco, y muy mal.
En este mundo “cool” y bobo proliferan ahora otros juegos que para un correoso y bronco especimen carpetovétonico como uno son una verdadera gilipollez.
Finlandia compite ahora oficialmente con regularidad y entusiasmo para ver quién hace más el ridículo. Véase la nota que sigue publicada en el diario La Nación de Buenos Aires.


© José Luis Alvarez Fermosel
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lanacion.com Espectáculos Lunes 31 de agosto de 2009

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