viernes, 16 de octubre de 2009

Corbatas y turismo

Tom Holmes, de Walsall, Inglaterra, comenzó a coleccionar corbatas a los cinco años. Hoy, mucho después, tiene más de 4000. No sólo es la suya la colección más grande del mundo, sino una de las más valiosas, pues incluye determinados ejemplares únicos. Por ejemplo, la corbata roja adornada con 400 perlas que tiene puesta y se ve en la fotografía. Cuando se le pregunta por el valor de su colección, Tom contesta:
- ¿Cuánto vale el trabajo de una vida?
La corbata, considerada como una prenda de la derecha, está en proceso de extinción, como los bisontes que tanto preocupaban al conde de Keyserling.
Sólo la usan ciertos conservadores reminiscentes y nostálgicos de los que todavía van por la vida con el traje llamado ambo o de dos piezas: chaqueta y pantalón.
También la llevan algunos para ir a la oficina, los empleados de banco, los políticos y los caballeros que presumen de elegantes. Los días laborables, porque en el fin de semana impera la moda informal con ropa deportiva impuesta por los estadounidenses y todo el mundo va despechugado, con la camisa abierta, sin corbata, mostrando la papada o las arrugas del cuello fláccido. Y los jóvenes y deportistas, sus cuellos lisos y bronceados.
El otro día uno, que sigue usando corbata, se fijó en un par de ellas que estaban en el escaparate de una tienda muy elegante, dentro de una galería de compras, en pleno centro de Buenos Aires. Preguntó por el precio.
- ¡150 dólares!
- Las dos, claro
–dijo uno-.
- ¡Cada una, señor! –rugió la vendedora.
Dos corbatas, 300 dólares. Y no eran de seda, ni importadas. No me extraña que ya casi nadie use corbata.
Ya que estaba uno en la galería, se dio un paseo por ella, viendo vidrieras y precios. ¡Un escándalo! Todo está más caro que en Europa, por ejemplo.
Buen “réclame” para los turistas, que incluyen las compras como un capítulo de sus viajes de vacaciones.
Corbatas aparte, en Argentina no hay infraestructura ni habilidad, ni lo que es peor, ganas de fomentar el turismo, que nos salvó a los españoles, junto con los barcos de trigo y carne que nos mandaron los argentinos, en los duros años de nuestra posguerra y constituye la llamada “industria sin chimeneas”: la principal fuente de ingreso de divisas de España.
Haber hablado de corbatas me va a costar que me cuelguen el sambenito de frívolo. No creo que me pese mucho, ya cargo con varios.

© José Luis Alvarez Fermosel

Nota relacionada:

“De desaliños e ideologías”
(
http://elcaballeroespanol.blogspot.com/2009/07/de-desalinos-e-ideologias.html)

2 comentarios:

Susan.B dijo...

Querido Jose, no hay nada más elegante y atractivo que un hombre con traje y corbata.
Ha sucedido que los trajes se fueron encareciendo y los hombres empobreciéndose.
Excelente idea la de postear en Inglés.No queremos analfabetos funcionales y a todos debería interesarle aprenderlo-Es cuestión de tener visión de futuro.Los desinteresados, perderán el tren.Felicitaciones.Besos.Susan

Caballero Español dijo...

Susan: es verdad que las vestiduras están hoy día muy caras, por eso no veo la necesidad de rasgárselas cada dos por tres. Hablar inglés en esta época es hablar el idioma universal, porque ya se habla en todo el mundo, o casi, como tú sabes muy bien, tan bién como lo manejas (el inglés) y las cosas del intelecto y la cultura. Cariños.