martes, 9 de noviembre de 2010

Cuadros disolventes

Ejercicio de asociación libre con cuadros raros, música popular y música programática. Así podría subtitularse este apunte.
Porque, ¿cómo puede asociarse un chotis con unos cuadros que, además de no ser cuadros, son disolventes?
El chotis es uno de los más castizos y aplaudidos. Figura en todas las antologías de la música popular española, y específicamente de la de Madrid.
Se titula “Con una falda de percal planchá”, y pertenece a la revista de finales del siglo XIX –todavía no se las llamaba comedias musicales- “Cuadros disolventes”.
El popular chotis no ha dejado de ir y venir desde entonces. Cuando se evoca la música madrileña, raro es que no salga a relucir. Carlos Arniches, que fue un aplaudido autor de sainetes, lo incluyó en “El santo de la Isidra”.
El chotis en general, cuyo origen es centroeuropeo, se puso de moda en toda Europa en el siglo XIX. En Madrid se baila en pareja, cara a cara, al compás del organillo. La mujer gira alrededor del hombre y éste sobre su eje. Se dice que un buen bailarín de chotis no necesita más espacio que una baldosa para lucirse. Suele bailarse en las verbenas.
El llamado apropósito cómico-lírico-fantástico-inverosímil en un acto “Cuadros disolventes”, con letra de Guillermo Perrin y Miguel de Palacios y música de Miguel Nieto, se estrenó en el teatro Príncipe Alfonso de Madrid, el 3 de junio de 1896.
Los verdaderos “Cuadros disolventes” forman parte de la prehistoria del cine. Se deben al inglés Harry Langdon Childe, que los exhibió por primera vez en 1840.
Son un efecto de linterna mágica consistente en instalar fuentes de luz detrás de paneles de cristal pintados y superpuestos. Los juegos de luces simultáneos con los cambios de placas daban la impresión de movimiento.
Tal vez los cristales, al deslizarse iluminados uno tras otro, se asemejaban a cuadros que se disolvían.
O el adjetivo disolvente se usó como sinónimo de algo heterodoxo, o que implica una cierta subversión o distorsión, como cuando se habla de la prédica disolvente de un político, o un agorero.
Más famosos fueron los “Cuadros de una exposición”, la suite de 15 piezas del compositor ruso Modest Mussorgsky: modelo de música romántica de programa, o programática.
Mussorgsky quiso hacer una versión musical, si es que así puede llamársele, de algunos de los diez cuadros del arquitecto y pintor Viktor Alexandrovich Hartmann, expuestos en una muestra póstuma. Un homenaje al joven artista –muy amigo de Mussorgsky-, que murió en 1873, a los 39 años.
La obra de Mussorgsky, escrita originalmente para piano, fue arreglada y orquestada por el músico francés Maurice Ravel –autor del ballet “Boléro”-.


© José Luis Alvarez Fermosel

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