viernes, 3 de julio de 2009

Aduaneros

El escritor estadounidense Herman Melville, autor de Moby Dick, y el pintor francés Henry Rousseau trabajaron muchos años como despachantes de Aduana. El arte da para poco. Hay que ayudarse con la Administración, de Aduanas o de lo que sea.
Melville –una vez más la paradoja- ganó más fama y más dinero con novelas como Nardi, Redburn y Tahiti, un edén canibal que con su obra cumbre, Moby Dick, rechazada por crítica y público.
Popular y rico a mediados del siglo XIX, un incendio en los talleres de impresión de su editor significó para él un revés económico de tal magnitud que le obligó a trabajar casi 20 años como despachante de la Aduana de Nueva York, donde había nacido en 1819.
Llevó una vida aventurera en su juventud: viajó por los mares del Sur y vivió un mes entre caníbales en las Islas Marquesas. En Papeete (Tahiti) estuvo en prisión durante algún tiempo por haber capitaneado un motín en un barco carguero.
El argumento de Moby Dick se centra en la persecución del capitán Acab, patrón del ballenero Pequod, a una gigantesca ballena blanca que le arrancó la pierna derecha a la altura de la rodilla, cuando intentó capturarla por primera vez.
La novela sobrepasa la aventura para convertirse en una oscura exploración alegórica sobre la naturaleza del mal.
Las obras de Melville –muerto en el olvido en Nueva York, en 1891- quedaron inadvertidas hasta la década del 20, cuando su genio recibió finalmente el reconocimiento que merecía.
Henry Rousseau (1844-1910) fue un pintor francés llamado El Aduanero porque, como Melville, trabajó en la Aduana, en su caso en la de París.
Nació en Laval, al norte de Francia, en 1844. Estudió Derecho y trabajó como pasante de un estudio juridíco en Angers (1), del que fue despedido por robar estampillas.
Se enroló en el Ejército en 1864 y permaneció en él durante cuatro años.
Muerto su padre, Rousseau, ya casado y con siete hijos- de los que sólo sobrevivió uno-, se colocó en la Aduana de París para ayudar económicamente a su madre. Llegó a recaudador en 1871.
Empezó a pintar a los 40 años. A los 49 se retiró de la Administración para dedicarse de lleno a la pintura con variada fortuna. Murió en París en 1910.
La pintura de Rousseau revela intenciones poéticas y la búsqueda de lo exótico.
Su estilo naíf refleja la sensibilidad infantil propia de los artistas que no han tenido, o han tenido muy poca formación académica.
La composición de la mayoría de sus cuadros es arbitrariamente geométrica. Su ingenuidad otorga a veces a sus obras un aspecto de caricatura.
Lo mejor de El Aduanero fue su manejo del color, complejo y sugerente, que para algunos lo instaló en el post impresionismo.
Su obra más conocida es La gitana dormida. Otras son: Encantadora de serpientes, El suelo, Tigre en una tormenta tropical y Yo mismo (autorretrato).

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1) En la ribera del Maine, a pocos kilómetros de Loira. Antigua capital de Anjou. Patrimonio de la UNESCO.


© José Luis Alvarez Fermosel

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